Aunque no soy gran lector y seguidor de la historia de Puerto Rico, que desde 1898 se convirtió en territorio de EU y que, desde 1953, decidió ser Estado Libre Asociado de la gran potencia; ni tampoco fan de Benito Antonio y su música, que ni si quiera entiendo; debo reconocer que el espectáculo montado para el medio tiempo del Super Bowl LX resultó ser toda una lección, un mensaje y una derrota social y moral para el tirano Trump.

Desde entonces, no he dejado de sonreír, tratando de imaginarme cómo el magnate trata de digerir el coraje y la rabia, provocados por el atrevido conejito malo, que lleva atravesado dentro, y que trata de expulsar de todas maneras, como si fuera un alien maldito que engendró en su ser.

Lo imagino enojado, pateando la puerta de su oficina, donde sus guardias veían el Super Bowl, comiendo y bebiendo guacamole y tequila mexicanos, que lo enfurece aún más; así como a otros oficiales del servicio secreto, fumando puros cubanos, los cuales arrebata y tira por la ventana; hasta alcanzar una botella de ron “flor de caña” nicaragüense, que estrella al piso, gritando: “aquí nada de extremismos, solamente hamburguesas y coca cola”.

Y es que, en el fondo de su vanidad, Trump no olvidará nunca esta humillación y derrota social y moral a los ojos de los 135 millones de estadounidenses que vieron el espectáculo, y los cientos de millones en el mundo entero, que bien podría convertirse en un parteaguas para la sociedad, que libra una segunda guerra civil en busca del reconocimiento pleno de las minorías raciales y el rescate de los principios y valores de la otrora gran potencia.

Primerola lección. El Super Bowl representa en sí todo un suceso mundial que es visto por cientos y cientos de millones de espectadores en el mundo, tanto por el interés deportivo que despierta, como por el espectáculo musical que presenta, especialmente ahora, en un escenario globalizado y de confrontación, donde el magnate quedó exhibido como lo que es: un ignorante de su propia historia al no entender que Puerto Rico es parte de la nación. Por tanto, el conejo malo y toda la comunidad puertorriqueña son estadounidenses y hablan español, por lo que no puede expulsarlos o deportarlos. Es decir, el enemigo lo tiene en casa.

Segundoel mensaje. Creo que dentro de la NFL hay gente, estadounidense también, que no quiere a Trump, comenzando por el comisionado Roger Goodell, quien desde semanas antes reiteró que el espectáculo de medio tiempo estaría a cargo -exclusivamente- de Benito Antonio, a fin de deslindarse de toda responsabilidad. En mi opinión, Goodell sabía el contenido del concierto y sus implicaciones, por lo que construyó su propia coartada, aunque estableció una sola condición: ninguna alusión a Trump, lo cual fue acatado por el conejo malo. Si bien no se hizo mención al magnate, todo mundo entendió el mensaje y el destinatario.

Tercero, la derrota social y moral de Trump, ahora de magnitud global, se suma a la derrota interna sufrida hace algunas semanas a manos del movimiento social contra el ICE, ante la muerte de los primeros ciudadanos estadounidenses en Minneapolis, Minnesota -Good y Pretti-, que han provocado los primeros signos de vergüenza del propio ICE -que ha anunciado su retiro de ese estado- y el rompimiento de algunos congresistas republicanos, que muy difícilmente lo apoyarán en las elecciones intermedias de este año. La inmoralidad de Trump quedó también al descubierto al mostrar unas ofensivas imágenes de Obama y su esposa, que denota su odio racial sobre la población de color.

Quizá lo que también quedó en evidencia este domingo de Super Bowl sean las otras debilidades del tirano Trump: el deporte y la música, cuyo poder no entiende, ni práctica, y que se están convirtiendo en el símbolo de esta guerra civil, junto a sus líderes involuntarios, tales como el rockero Bruce Springsteen, que compuso la canción “streets of Minneapolis”, que rinde homenaje a las víctimas de ICE o el cantante country Zach Bryan, con “Bad News”, que critica las redadas de ICE contra inmigrantes.

Tengo la ligera sospecha de que todo este movimiento social en contra de Trump ha alcanzado el punto de quiebre de la política trumpiana, que marcará el fin del magnate, mismo que se haría oficial con la derrota electoral de los republicanos en noviembre próximo, donde la sociedad estadounidense demostrara también su poder en las urnas.

No quiero imaginarme qué pasaría si en el próximo mundial de futbol, México y Canadá presentan un espectáculo parecido, a manera de desagravio, quizá al frente de los Tigres del Norte y Alex Cuba, Cruzito o Naty G, respectivamente, con el mismo mensaje de unidad y fortaleza del supel podel latino que, por lo menos, le provocaría un soponcio al tirano Trump.

Politólogo y exdiplomático

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