Los plásticos nos rodean. Es difícil imaginar nuestra vida contemporánea sin plásticos, pues prácticamente nos invadieron con todo tipo productos de uso y consumo cotidiano, a tal grado de que cada año se producen en todo el mundo más de 380 millones toneladas de plásticos, de los cuáles solamente un pequeño porcentaje se recicla, otro se incinera y más de tres cuartas partes se descartan como basura o se acumula en vertederos, ríos y océanos.

El gran problema de los plásticos es que no son biodegradables, es decir, no existen en el planeta bacterias, hongos u otros organismos que los transformen en materia orgánica. Además, como consecuencia de su exposición prolongada al sol, al clima y a las condiciones ambientales, los plásticos se fragmentan y se degradan en partículas cada vez más pequeñas hasta hacerse nano partículas que conocemos genéricamente como microplásticos.

Los microplásticos llevan consigo partículas con los que son fabricados: aditivos, compuestos químicos e incluso de metales pesados como el plomo, que al ser ingeridos por organismos vivos causan toxicidad, potencian los riesgos de cáncer y ocasionan afectaciones sistémicas u orgánicas. Se sabe por ejemplo que químicos como el Bisfenol A o los ftalatos, que se utilizan en recipientes, perfumería y pintura, alteran el sistema endócrino y reproductivo de los humanos y de los animales.

Por éstas y otras razones, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) impulsa desde octubre de 2018, el Compromiso Global por la Nueva Economía del Plástico, con la misión de unir a empresas, gobiernos y organizaciones, a fin de impulsar una economía circular para el plástico. Adicionalmente, la Asamblea de Organización de las Naciones Unidas votó en marzo de 2022, una resolución histórica que tiene por objeto comprometer a la comunidad de naciones, a diseñar un acuerdo internacional jurídicamente vinculante para finales de 2024, para combatir la contaminación por plásticos, incluyendo la regulación de sus producción, diseño y eliminación.

La Ciudad de México bajo la administración de la Jefa de Gobierno, Dra. Claudia Sheinbaum, ha hecho grandes esfuerzos contra la contaminación por plásticos. A finales de 2020 entró en vigor en la Ciudad una reforma a la Ley de Residuos Sólidos que prohibió la comercialización, distribución y entrega de bolsas de plástico al consumidor, así como también de productos fabricados total o parcialmente de plástico y que se desechan después de un solo uso.

Aproximadamente, un 13 por ciento del total de residuos que genera diariamente la Ciudad de México son residuos plásticos. Para reducir y recuperar la mayor cantidad de residuos, se puso en marcha el Programa de Gestión Integral de Residuos 2021-2025 bajo la visión “Basura Cero”, con el que se ha logrado la reducción del 25 por ciento de residuos que enviaba la CDMX a rellenos sanitarios, pasando de 8 mil 600 a 6 mil 500 toneladas al día. Para ello se construyó en el 2021, la planta de la Planta de Selección Azcapotzalco para separar y procesar mil toneladas diarias de residuos sólidos por día y está en construcción la segunda planta de este tipo en la Ciudad, para alcanzar un total de 2 mil toneladas.

También entró en vigor en febrero de 2023 la nueva Ley de Economía Circular de la Ciudad de México, mediante la que se establecen una serie de medidas para impulsar el consumo responsable, así como para el aprovechamiento, la valorización, la reducción, el reúso, la reparación, reciclaje y recuperación de toda clase de materiales, con el fin de terminar con un modelo económico de desperdicio, para dar lugar a una economía circular en la que todos los materiales puedan entrar nuevamente a la cadena productiva.

Y finalmente, a finales de mes de mayo de 2023, la Jefa de Gobierno firmó la adhesión de la Ciudad de México al Compromiso Global por la Nueva Economía del Plástico, que como vimos impulsa el PNUMA desde 2018, con lo que nuestra Ciudad se comprometió a promover la eliminación de nuevos envases y productos de plástico no necesarios, fomentar la reutilización del plástico, incentivar el uso de envases reutilizables, reciclables o compostables, entre otras medidas. De esta forma, la Ciudad de México contribuye con acciones concretas y medibles a detener la contaminación por plásticos que afecta a todo nuestro planeta.

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