El problema ya no es solo la violencia. El problema es que dejamos de verla… y peor aún, empezamos a justificarla.

Vivimos en una época donde el conflicto se volvió paisaje, donde el dolor dejó de incomodar y donde el ataque constante dejó de escandalizar.

Nos acostumbramos a todo, a las guerras, a las crisis, al sufrimiento ajeno y también a la forma en la que nos tratamos entre nosotros.

Pero hay una degradación aún más profunda, la política dejó de construirse con fondo y empezó a construirse con percepción.

Hoy hay quienes creen que una fotografía al lado de alguien poderoso automáticamente los vuelve cercanos, respaldados o relevantes.

Como si la política se tratara de coleccionar fotos y no de construir resultados.

Pero una fotografía no significa nada… salvo lo que cada quien quiere fingir que significa.

Por eso vemos a tantos corriendo detrás de una imagen, no por convicción, sino por conveniencia.

Yo no juego a eso.

Si me tomo una foto con la presidenta, es por admiración. No para colgarme de ella.

Esa es la política del espectáculo.

La del farol.

La que confunde cercanía con poder… y simulación con resultados.

Yo no vengo de ahí.

A mí no me interesa construir una carrera a base de fotos ni de apariencias. A mí me van a reconocer por lo que hago, no por con quién salgo.

Porque el problema no es la foto. El problema es lo que hemos decidido creer sobre ella.

Le damos el significado que nos conviene, para inflar, para golpear, para inventar historias que muchas veces no existen. Y en ese juego, dejamos de ver lo único que debería importar: el trabajo.

Ahí está otro síntoma de esta distorsión.

Hace unos días, una mujer fue señalada, juzgada y exhibida públicamente por una imagen en Palacio Nacional. Nadie preguntó qué hace, cuál es su responsabilidad o cuál es su trabajo. Bastó una escena para desatar la condena.

Así funciona hoy la conversación pública: rápida para destruir, inexistente para entender.

Y en política, eso no es casualidad. Es estrategia.

Porque mientras algunos se dedican a construir narrativas, la gente está viviendo otra realidad. Una mucho más dura. La del agua que no llega, la inseguridad que no se resuelve, los servicios que fallan y los problemas que nadie atiende de fondo.

Por eso el contraste cada vez es más evidente.

Mientras unos ya están moviéndose rumbo al 2027 —tomándose fotos, armando acuerdos y operando en función de sus intereses— se les olvida algo básico.

Aquí no decide la foto, no decide el grupo, no decide el cálculo político.

Decide la gente y ese es el punto que muchos no están entendiendo. Porque la política ya cambió y quien no lo entienda, se va a quedar atrás.

A mí, me han criticado por trabajar. Así de absurdo suena.

Por recorrer territorio, por estar con vecinas y vecinos, por dar resultados, empezaron las especulaciones: que si busco ser alcaldesa, que si quiero tal cargo… cuando yo ni siquiera lo he dicho.

Pero ese reflejo revela más a quien acusa que a quien trabaja.

Revela una política que no está acostumbrada al trabajo real. Una política que se mueve más por sospecha que por resultados.

Yo sí quiero seguir en la vida pública, claro que sí.

Pero hay algo que tengo muy claro: mi siguiente paso no lo voy a decidir yo, no lo van a decidir mis intereses, no lo va a decidir una foto. Lo va a decidir la gente.

Porque al final, cuando se apagan las campañas, cuando se caen las narrativas y cuando el ruido deja de servir… lo único que queda es el trabajo. Y ahí es donde empieza la verdadera diferencia.

Porque gobernar no es opinar. No es atacar. No es estar en tendencia. Gobernar es hacerse responsable.

Y esa responsabilidad no se improvisa, no se hereda y no se simula. Se construye todos los días, en territorio, con resultados, incluso cuando nadie está viendo.

Por eso lo que viene no es una etapa más. Es una definición.

Una definición entre quienes viven del ruido y quienes pueden sostener resultados, entre quienes construyen percepción y quienes construyen realidad.

Porque el siguiente nivel de la política ya no va a premiar el espectáculo, va a exigir capacidad. Ya no va a premiar la narrativa, va a exigir resultados.

Y ese momento ya no es futuro. Es presente.

Así que no, el siguiente paso ya no es competir. Es responder.

Y cuando llegue ese momento no va a haber foto que alcance.

Porque hay quienes viven de aparentar y hay quienes estamos listos para gobernar.

Diputada Federal

LXVI Legislatura

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios