¿Perder la democracia en una elección?

María Elena Morera

Mañana es el día de las tan esperadas e históricas elecciones. El actual proceso electoral, que es considerado como el más grande de la historia, también ha sido el más violento, al superar 2018. Así lo revelaron cifras del Indicador de Violencia Política (IVP) de Etellekt. De acuerdo con el informe, el número de agresiones o delitos globales registrados contra políticos por la consultora durante el actual proceso asciende a 782, cifra que supera los 774 registrados en el periodo similar del proceso electoral 2017-2018.

Contrario a lo que nos ofrecieron a principios de año, no hubo una estrategia para cuidar a los candidatos, no parece tuvieran un mapa de riesgos sobre los abanderados en lo particular ni de los municipios donde se pudieran presentar más agresiones; tampoco quedó claro qué dependencia era la responsable de qué actividades, regiones o candidatos como se hizo en elecciones pasadas. Las autoridades federales no tomaron en serio la violencia que atenta contra la democracia, contra los ciudadanos y contra quienes buscan representarlos. En consecuencia, no solo los partidos se están jugando el poder, el crimen organizado también está en la disputa, sobre todo en el nivel local.

Pasando las elecciones deberemos hacer una reflexión sobre quiénes fueron los grupos que se beneficiaron con la violencia, y deberemos exigir a la autoridad que investigue tanto en la parte penal como electoral y se castigue a los culpables. Ya no como una bandera política o un discurso de campaña, sino como una obligación para evitar que esta violencia rampante vuelva a suceder.

Lo que representan estas elecciones, mucho más allá de quienes sean los ganadores o perdedores, es el rumbo que tomará el sistema democrático de México. Esto es lo que verdaderamente debe importarnos. Lejos de ideologías y plataformas electorales, la disputa está centrada en cómo se va a distribuir el poder político, y si se podrá evitar que un partido con mayoría puede alterar el equilibrio de poderes.

Habrá que estar atentos a cómo se presenta la jornada electoral, si se repetirán los patrones, como el robo de urnas, ataques a casillas, violencia contra candidatos, coerción del voto; estrategias que no son nuevas, pero que debilitan la legitimidad del proceso electoral. También fundamental será lo que suceda una vez que termine la elección. No faltarán quienes se declaren ganadores antes del conteo de los votos, y quienes, ante la derrota, pretendan desconocer la voluntad de los ciudadanos, alegando fraudes, o atacando al INE, o acusando un complot. ¿Hasta dónde estarán dispuestos a llegar quienes salgan derrotados en la contienda y no acepten los resultados? ¿Hasta dónde los ciudadanos estamos dispuestos a defender nuestra democracia?

Porque de eso se trata, de vivir en un estado democrático que ha tratado de ser debilitado por la violencia, las ilegalidades, y las amenazas constantes a las instituciones electorales desde el poder. Desde luego, existe la posibilidad, y quizá la probabilidad de que, después del 6 de junio, aumente la presión para su desmantelamiento. Un mayor poder a quien no es un demócrata significa mayor control, mayores recursos, mayores posibilidades de cambiar las reglas del juego. Por ello, aquí lo importante no son los políticos, sino que las leyes, las instituciones y los instrumentos para que nuestra democracia funcione, sigan en pie.

Como expone Roger Bartra en su libro Regreso a la Jaula: “No es lo mismo perder una elección en la democracia, que perder la democracia en una elección”. Defendamos lo que tanto nos ha costado ganar. Si alguien no está de acuerdo con los resultados tienen leyes para hacer valer su derecho, pero no es con trampas o violencia como deben tratar de arrebatar lo que los ciudadanos no les dieron con los votos.

(Colaboró Susana Donaire)

 

Presidenta de Causa en Común.
TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios