El 27 de enero, un reportaje donde se revelaban presuntos actos de corrupción y conflicto de interés del hijo del presidente López Obrador , desató su enojo y el de sus más leales seguidores, quienes de a poco incrementaron la violencia del discurso, la desinformación, la persecución, e incluso la violación de la ley, para atacar a quienes difundieron dicha información. Han pasado más de 20 días y el presidente sigue enojado, montado en su estrategia de campaña electoral permanente, gobernando a partir de la división y el encono. En esta cruzada de odio lo acompañan también 17 gobernadores y la bancada en el Senado de su movimiento, quienes alientan su posición al llamar a sus opositores "traidores a la patria".
Y mientras el presidente y los suyos siguen encolerizados, el país avanza a través de una ola de violencia que abate la tranquilidad de los mexicanos en sus comunidades, que provoca desplazamientos forzados por el control del territorio entre criminales y nos llena los medios de comunicación de cientos de atrocidades.
Mientras el presidente sigue lanzando ataques, asesinaron al periodista Heber López en Oaxaca, el cual se suma al lamentable homicidio de Lourdes Maldonado y 4 periodistas más en lo que va de 2022, alcanzando casi la cifra total de periodistas asesinados en todo 2021.

Mientras el presidente ha estado enfurecido, desde el 27 de enero a la fecha de cierre de este artículo, han sido reportados al menos 1,344 homicidios dolosos, de acuerdo con el conteo publicado por el gobierno. Dichos asesinatos se suman a los cerca de 110 mil registrados en este sexenio. Mientras el presidente insiste en la defensa de su “dignidad” y su mensaje de austeridad, Estados Unidos impuso una suspensión a la importación del aguacate mexicano, luego de que uno de sus inspectores informara de llamadas amenazantes por parte de los grupos delictivos que controlan la región.
Mientras el presidente está ocupado en solicitar al INAI que haga públicas las percepciones y bienes de un periodista, el país se horroriza con cerca de 600 atrocidades registradas este año, entre masacres, descuartizamientos, calcinados, entre otras; y no hay una sola palabra de aliento a las familias de los más de 40 policías asesinados en estos primeros meses de 2022. Mientras el presidente está enfurecido, el gas LP sigue al alza y la inflación parece no tener control; y Zacatecas arde en una lucha que hasta hoy, van ganando los delincuentes.
México
no necesita un presidente enojado o un candidato eterno que haga arengas en la plaza pública. No necesitamos mensajes de intolerancia desde el poder contra la prensa, cuando los están matando. No necesitamos que desde el poder se use a las instituciones en beneficio personal o para atacar a quienes piensan distinto. Necesitamos un presidente que asuma sus funciones como jefe de Estado y de gobierno, encauce sus emociones en el bien del país y fortalezca su capital político a través de acciones, y no de juicios sumarios. Necesitamos un gobierno que, frente a la evidencia de los reportajes derivados de la libertad de prensa, ofrezca respuestas claras y sin ambigüedades.
Necesitamos un presidente que serene el discurso, reenfoque objetivos y tome acciones en lo que a la sociedad realmente le interesa. Hoy más que nunca necesitamos un presidente que asuma la crítica desde el poder, como él la ejerció desde la oposición; que respete el Estado de Derecho y que defienda las instituciones. Se requiere un gobernante cuyos enemigos a vencer sean los carteles de trata, de drogas, de extorsión y no los periodistas.
Siempre es un buen momento para recomponer el camino.