¿Democracia u oclocracia (tiranía de la mayoría)?

María del Carmen Alanis

El pluralismo político de México está fincado en la composición pluricultural de la nación mexicana que recoge el artículo 2º constitucional: síntesis de historia y realidad social. Historia, porque se fue conformando a través de los siglos una nación incluyente de diversos pueblos y culturas que hoy en día prevalecen y se fortalecen. Realidad social, que amalgama diversidad de grupos, ideologías, movimientos y, en general, una estructura integrada como mosaico que agrupa todos los colores de la tierra mexicana, antítesis al monocolor.

Por eso, el pluralismo político que hoy prevalece en este México multicolor es opuesto al binomio reduccionista de dos bloques: blanco o negro, liberales vs. conservadores. Y por ello, también el pluralismo es consubstancial a la democracia.

Este pluralismo, como cualquiera en el mundo, entiende que la lucha política entre mayorías y minorías debe resolverse institucionalmente, de tal suerte, que las segundas, cuenten con todas las garantías de un estado de derecho (legales y políticas) para que, si el electorado así lo decide, se conviertan en mayoría y puedan gobernar.

Es por lo tanto legítimo y procedente, que las oposiciones, a través de una elección libre, puedan derrotar a la mayoría. Así ya ha sucedido en México, cuando en su momento el PRI y el PAN se convirtieron en minoría y aceptaron el triunfo electoral de la nueva mayoría. Así sucede en las democracias del mundo. Consecuentemente, la posibilidad de la alternancia representa la libertad política del pueblo en la democracia. Y es justamente lo que las personas demócratas defendemos.

Desde los años 70, México optó por acabar con el sistema hegemónico de partido único, y transitó hacia el multipartidismo, sí, en plural. Se transformó el horizonte político del país, lo que ha contribuido de manera decisiva a la paz social. Por lo mismo, defender el binomio maniqueísta “estás conmigo, o estás contra mí”, es una marcada regresión al mapa monocolor del siglo pasado.

John Stuart Mill, (Sobre la libertad, Londres. 1859), el gran feminista inglés del siglo XIX, nos previno sobre la Oclocracia o tiranía de la mayoría, que consiste en la posibilidad de que en un sistema democrático una mayoría pueda perjudicar, o incluso oprimir a una o varias minorías: el mejor ejemplo histórico fue la condena de la democracia ateniense a Sócrates, sentenciado a muerte por el “delito de disentir”.

Parafraseando a Voltaire, aún y cuando no se compartan (o desconozcan) determinadas ideologías, siempre habrá que defender el derecho que se tiene a expresar y a manifestar libremente los disensos.

Soy apartidista, pero me declaro defensora del sistema pluripartidista, también de las candidaturas independientes. Siempre estaré a favor del legítimo derecho que tienen todas las fuerzas políticas de participar en una contienda civilizada y libre, y buscar el poder. Por cierto, esa es su naturaleza de los partidos, y para eso existen.

Acciones opositoras, individuales o en conjunto, se deben celebrar. Un posible acuerdo de minorías, en contra de la oclocracia mexicana es un respiro con olor a tierra y un suspiro de volver a pintar de colores nuestro mapa nacional en el 2021.

Construir este sistema democrático con alternancias, con partidos fortalecidos, con diferentes expresiones en la arena pública nos llevó muchos años, movimientos sociales, luchadores y luchadoras, reformas políticas y por ello mismo debemos seguir cuidándolo, la apuesta debe ser por consolidar este sistema de gobierno a través de mayor participación ciudadana, confianza en las instituciones, transparencia y rendición de cuentas.

La clase política, las y los actores deben tener firmes convicciones democráticas y valores acordes con este sistema de gobierno, porque sólo así seguiremos avanzando. Fortalecer o no al país es una decisión que se toma todos los días y que sin duda alguna tendrá consecuencias a largo plazo, la incertidumbre de no saber qué partido ganara las siguientes elecciones es una de las características de las democracias, es parte de que cualquier minoría puede ser mayoría, así son las reglas de este sistema que nos dota de libertad para elegir.

 

Catedrática de la UNAM y presidenta de 12624 Consultoras
@MC_alanis

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