Para mi admirado Pancho Barrio
Amanecimos el 3 de enero con una enorme sorpresa: detuvieron a Nicolás Maduro. La operación militar es “perfecta” porque se logró el objetivo por parte de Estados Unidos. No sabemos aún con claridad qué sigue, pero no hay razón para dudar de algo esencial: Venezuela hoy es un país con más esperanza de la que tenía hace apenas tres días.
Es Venezuela —no Estados Unidos, y mucho menos México— el centro de estos acontecimientos. Hace muchos años creímos que Venezuela había tocado fondo, que no soportaría más el yugo de Hugo Chávez primero y del impresentable Nicolás Maduro después. Sin embargo, el tiempo pasó y con él se fueron destruyendo sistemáticamente las instituciones. La violencia desde el poder se volvió cotidiana, acompañada de una degradación absoluta del gobierno que terminó entregando al país a las bandas del crimen organizado.
Al pueblo venezolano se le pidió unidad, y la oposición respondió. En 2013, se anunció el triunfo de Nicolás Maduro; la oposición impugnó, pero no contaba con las actas necesarias para probar su victoria y las elecciones fueron declaradas válidas a favor del gobierno. Luego se pidió a los opositores que ganaran la Asamblea Nacional, y lo hicieron en 2015. Entonces el tribunal constitucional le arrebató facultades al Poder Legislativo y los órganos electorales modificaron las demarcaciones para que el régimen recuperara el control parlamentario.
En 2018, se convocó a elecciones anticipadas, pero se excluyó de las candidaturas a líderes clave como Leopoldo López y el gran alcalde de Caracas, Antonio Ledezma. En 2019, Juan Guaidó asumió la presidencia de la Asamblea Nacional y fue reconocido como presidente interino por buena parte del mundo, aunque no por el régimen. Estuvieron cerca. Pero Venezuela estaba aislada y México ya operaba claramente a favor del gobierno autoritario. En todo ese tiempo María Corina Machado estuvo ahí, dando la cara y levantando la voz.
María Corina se preparó para las elecciones presidenciales. La obligaron a competir en un proceso interno y lo ganó. Después, el órgano electoral la inhabilitó y colocaron en su lugar a Edmundo González honesto y con una valentía que no había medido el régimen. Así, la oposición ganó las elecciones del 28 de julio de 2024, y, además, probó su triunfo con todas las actas, enfrente de sujetos de Derecho Internacional y de millones de venezolanos, Maduro no dejó el poder y se declaró ganador.
La represión ha sido brutal. Han detenido a niños, encarcelado, secuestrado y detenido por razones políticas a más de 18 mil presos. Venezuela vive un drama que el mundo conoce bien. La comunidad internacional debió exigir mucho más a un dictador que violaba diariamente el Derecho Internacional. Venezuela es una tragedia, y ya no se le puede pedir más a su pueblo. Me parece una crueldad exigir que resistiera todavía más. ¿Más? ¿hasta cuándo? ¿Hasta que Maduro fuera convencido —quizá por López Obrador— de respetar una elección?
Vendrán días en que conoceremos a fondo las torturas, los asesinatos y las violaciones sistemáticas a los derechos humanos perpetradas por la dictadura de Maduro. Tal vez nos sorprendamos por la magnitud de la corrupción y de los crímenes ordenados por Maduro, o por Diosdado Cabello e incluso por la ahora “encargada” Delcy Rodríguez. Habrá quien se arrepienta por no haber intervenido antes. Al tiempo.
Hoy, Venezuela tiene mucha más esperanza que la que tenía hace apenas tres días y también creo que el mundo está mejor. Lo que corresponde ahora es respaldar lo que María Corina ha pedido con claridad: exigir la liberación de todos los presos políticos y trabajar con firmeza por una transición democrática y pacífica para Venezuela. Deseo que la soberanía venezolana expresada el 28 de julio del 2024, sea recuperada.
Comparto las palabras del Papa León XIV expresadas en el Angelus de ayer al referirse con preocupación a la situación en Venezuela: “El bien del querido pueblo venezolano debe prevalecer, por encima de cualquier otra consideración y llevar a superar la violencia y emprender caminos de justicia y paz, garantizando la soberanía del país, asegurando el Estado de Derecho…, respetando los derechos humanos y trabajando para construir juntos un futuro sereno de colaboración, estabilidad y concordia, con especial atención a los más pobres que sufren a causa de la difícil situación económica.”
Diputada federal. @Mzavalagc

