El Seguro Popular es una política pública desarrollada por muchos años, útil para la comunidad, en la que participaron muchas personas desde matemáticos hasta médicos. Es una política pública que se fue desarrollando en etapas, la comunidad lo aprobaba y por muchos años los mexicanos y mexicanas notaron un enorme cambio en la política de salud que también era concorde a un presupuesto que cada vez era mayor.

Y es que el Seguro Popular actúa como seguro médico público que tiene también una modalidad llamada “cuadro de gastos catastróficos”, el cual contemplaba, de manera programática, aquellas enfermedades que empobrecen a las familias. Al mismo tiempo, se creó una reserva actuarial que con el tiempo permitiría aumentar el cuadro básico de este tipo de enfermedades. De hecho, si en México esta reserva se hubiera cuidado, hasta las hemodiálisis se podrían haber cubierto. Así es que si alguna política pública podría catalogarse como humanista, era la que generaba el programa del seguro popular.

Además, el Seguro Popular es uno de los programas más reconocidos en el mundo —como el de las Estancias Infantiles— con buenas prácticas en la construcción del bien común, incluso se puede ver en estudios internacionales la manera en que benefició a millones de mexicanos. Un estudio del Foro Económico de Davos da cuenta de lo importante que fue el seguro popular para la salud de las mujeres. Y por si fuera poco, en un hecho singular, seis exsecretarios de salud salieron públicamente a la defensa de ese programa, pero este gobierno no quiso escucharlo.

Pero este gobierno, que cuando le entra la ociosidad verbal, se declara humanista, ha cancelado uno de los programas más exitosos en términos de políticas públicas. Esta decisión es una de las más grandes irresponsabilidades de este sexenio y está ocasionando un dolor y frustración en las familias y en el personal de salud que todavía no hemos dimensionado.

Pero el gobierno cree que con la salud se puede jugar a la acumulación del poder y en su lugar creó el Instituto de Salud para el Bienestar alias Insabi, que simplemente no tiene fundamento técnico para funcionar bien, no tiene base técnica, ni presupuesto, ni planeación adecuada, pero ni lo necesita porque el Insabi no fue creado para atender los problemas de salud de los mexicanos, sino para la acumulación y la manifestación de poder, y tiene como causa el resentimiento y la venganza.

Es decir, la cancelación del Seguro Popular es un mal en sí mismo, pero el verdadero problema, no es la ineptitud de la cancelación, sino las razones de ella. ¿Cómo puede llamarse alguien humanista, si no le importa la vida de niños y niñas con cáncer?, ¿cómo se llama el que toma medidas a sabiendas del mal que va a causar?, ¿qué decir de quien no rinde cuentas de las decisiones que toma y que afectan a las personas? El mayor problema es que se quiso destruir todo con la idea esquizofrénica de que todo hay que destruirlo.

La decisión de crear el Insabi en lugar del seguro popular no fue la eficacia en la política pública de salud, ni atender a los millones de mexicanos que acudían a él, eso no importó, como no importaron los doscientos mil niños y niñas de las estancias infantiles ni las treinta mil mujeres que ahí trabajaban, ni los padres de esos niños, ni la aeronáutica ni certeza jurídica en un proyecto como lo es el aeropuerto.

Si la intención califica a la acción, cancelar el Seguro Popular es de una gran perversidad y para colmo, esta decisión viene con la influencia de una mala compañera en el poder público: la soberbia.

Abogada

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