En los últimos días hay una lectura que se convierte en la más leída en el mundo, además se lee casi al mismo tiempo. Me refiero al Evangelio de la Pasión de Cristo según san Juan. Desde luego que, para muchos de nosotros, es una historia de salvación, de entrega a los demás hasta el extremo y, por lo tanto, de amor. Pero no quiero ir hasta allá; ni siquiera me siento autorizada para hacerlo. Quiero detenerme en alguna de las preguntas de Pilatos a Jesús, quien es el juzgado.
Se trata del poder humano, es decir, del poder político en toda su expresión y —al parecer— sin límite. La extraordinaria narración de San Juan nos habla del poder político a través de una autoridad formal que está muy lejos de ser la autoridad moral con la que actúa, digna y soberanamente, el acusado, que en esta narración se llama Jesús.
“¿Eres tú el rey?”, le pregunta Pilatos a Jesús. Después volverá a cuestionar, de manera más amenazante: “¿Con que tú eres rey?”. Sin duda, hay una sensación de omnipotencia, porque son preguntas que, desde el poder, se hacen para provocar y demostrar que no hay nadie ni nada frente al poder de uno. Esa actitud la encontramos ahora en México con mayor fuerza y siempre será la tentación del poderoso, del terrenal y humano poderoso en un Estado.
El propio Jesús contestará que viene para ser testigo de la verdad. Entonces Pilatos hace una de las preguntas más universales: “¿y qué es la verdad?”. Esta es una de las grandes preguntas que todos nos deberíamos hacer y, si no tuviéramos respuesta, tendríamos que terminar buscándola. Sin embargo, Pilatos tiene una actitud que sorprende al no esperar la respuesta; le da la espalda. Es decir, no está dispuesto a buscar la verdad, sino a darle la espalda; no está dispuesto a la esperanza, sino a la fatalidad y a la frustración.
Y, finalmente, en un delirio de omnipotencia, le recuerda —un ensoberbecido poderoso—: “¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?”. Esa es la pregunta amenazante que refleja claramente la tentación a la que se enfrenta el poderoso; y, cuando se cae en la tentación, normalmente es porque ya no hay normas que aplicar y el derecho y la sociedad dejaron de ser límites. Ciertamente, para quien se siente omnipresente y omnipotente, necesita de fariseos, aduladores, esclavos…
En nuestro México, un grupo de Morena se ha apoderado no solo de todo el poder, sino de un poder sin límites. Puede hacer una ley retroactiva, puede mentir, puede cometer injusticias, quedarse con fideicomisos, sancionar injustamente, apropiarse de los ahorros de los trabajadores, quitar derechos, aplicar la ley selectivamente, suplantar personas, negar informes internacionales; y, para eso, cree tener derechos. Pero estamos ante un poder que solo habla de facultades y nunca habla de deberes.
Si algo tenemos que aprender de estas lecturas sobre el poder gubernamental es que debemos plantarnos ante éstas dignamente, conocer la verdad para poder defenderla y saber que el poder siempre tiene límites, y muchos límites: sin duda, el derecho; pero también debe ser un límite la oposición, que somos ciudadanos que no estamos de acuerdo con ellos, y que la autoridad no solo tiene derechos, también tiene deberes.
Sin embargo, la sociedad y la oposición deben saber plantearse frente al poder, incluso dominar la escena y ser claras en lo que queremos.
Diputada federal. @Mzavalagc

