Los analistas políticos en México señalan que ahora el riesgo más importante es el de la reforma electoral. La generación que luchó y fue testigo del diálogo político entre posturas inconciliables ve ahora la anulación de todos los esfuerzos que se hicieron desde finales de la década de los ochenta, década en la que marcaron el inicio de la transición democrática.
La Transición Democrática dio lugar a una mejor distribución del ingreso y a una política pública basada más en evidencias que en ocurrencias. Tuvo su momento definitorio en las elecciones del año 2000, cuando el partido en el poder aceptaba la derrota y ganaba una coalición formada por dos partidos de oposición: el Partido Acción Nacional y el Partido Verde Ecologista de México.
Muy lejos están esos tiempos en los que toda reforma electoral tenía como finalidad abrir posibilidades y garantizar libertades. A diferencia de entonces, ahora todas las señales que se han dado desde hace siete años apuntan a favor del poder controlador. No hay una sola reforma que no haya significado aglutinación del poder, además de que muchas de ellas son claramente contrarias a la democracia y a los derechos de los ciudadanos.
El gobierno de la presidenta Sheinbaum se ha adherido totalmente a ese papel en la política: controlar el poder. Un ejemplo es la reforma al Poder Judicial. Abogadas cercanas a ella decían que ella no estaba de acuerdo con esa reforma y, sin embargo, no dejó ni respirar a quienes podrían haberla modificado; defendió su integralidad hasta la última letra, con un resultado que será de los que más daño generen a nuestro país. A quienes nos decían “no es como Andrés Manuel”, las hicieron a un lado, como si constatar su supuesta independencia fuese un agravio.
Hoy no hay nada que indique que la reforma electoral será o significará un avance o, por lo menos, una ratificación de ideas democráticas. Morena, que tiene una fraudulenta sobrerrepresentación en el Congreso, parece ser incapaz de reconocer el abuso del poder y aceptar lo que democrática y legalmente corresponde: la genuina representación de la voluntad popular expresada en la Cámara de Diputados y su nueva reforma parece estar modelada para garantizar la permanencia de dicha sobrerrepresentación.
Esta actitud antidemocrática del gobierno morenista en la vida política de nuestro país se vuelve evidente también con su conducta en materia internacional. Si no fueron capaces de reconocer como fraude electoral el llevado a cabo por Nicolás Maduro el 28 de julio de 2024, ¿qué podemos esperar de la iniciativa que presentará el Poder Ejecutivo de nuestro país? Sobre todo cuando la iniciativa dice estar basada en una comisión que representa únicamente a quienes están en el gobierno morenista.
Si lo que se escucha es cierto veremos, como dice Pascal Beltrán del Río, un retroceso en las leyes electorales. ¿Qué hay qué hacer? Esa es una importante pregunta porque debemos partir de la base de que no hacer nada no es opción. Por lo pronto propongo: 1) denunciar el retroceso; 2) trabajar más fuerte para que, a pesar de las leyes y las autoridades contrarias a la democracia, el pueblo de México se pronuncie con la mayor libertad posible; y 3) presentar las propuestas que sean indispensables para una elección democrática, al menos con fines pedagógicos.
Es cierto que nuestra batalla deberá darse a sabiendas de que ya no hay condiciones democráticas en nuestro país. Por ahora, lo más importante es la conciencia que cada uno de nosotros tenga del esfuerzo que vamos a hacer para enfrentar estas condiciones antidemocráticas que vivimos y que, aun así, nos obligan a ganar para la oposición las elecciones del 2027. Así que no espero gran cosa de la iniciativa de la Presidencia de la República, mi esperanza está en el pueblo de México que ha luchado más de una vez por la democracia en nuestro país y volverá a hacerlo, no tengo duda.
Diputada federal. @Mzavalagc

