Morena ha destruido tanto que hoy ya no sabe cómo construir. Por eso le reclaman y le gritan incluso sus propios aliados. Tras siete años en el poder, a excepción del aumento del salario mínimo, no ha logrado nada que no sea la demolición de instituciones, el aglutinamiento del poder y la ruptura de puentes con otras formas de pensar.
Es cierto que a la presidenta le ha tocado un contexto internacional complejo, pero llega a este momento después de que México perdió gran parte de su prestigio internacional durante el gobierno de López Obrador.
La falta de crecimiento económico tampoco ayuda. Pero esto no es un accidente: es consecuencia directa de las decisiones políticas de la autoridad. Basta recordar cómo este gobierno no solo defendió y aplaudió el aumento de la deuda pública durante el sexenio pasado, sino que hoy lo incrementa de manera cínica. Casi todas las reformas impulsadas por Morena han tenido un mismo objetivo: concentrar el poder, perseguir a empresarios y ahuyentar posibles inversiones.
Hace unos días, la presidenta publicó en X una reunión con economistas para hablar del crecimiento económico de México (¿cuál?). En la imagen aparecen alrededor de 40. Juntar a tantos “especialistas” no transmite fortaleza, sino desconcierto y debilidad. Aun si cada uno hablara tres minutos, se trataría de una reunión de dos horas sin verdadero diálogo. Lo cierto es que el país no crece y tampoco tiene confianza en que con ellos en el gobierno se va a poder llegar a buen puerto.
En el terreno político, la Reforma Electoral se ha enlodado por completo. Y la responsabilidad es exclusivamente del gobierno, que ya controla al INE, a la presidencia del Consejo y a los consejeros, especialmente tras la salida de Diana Ravel y Claudia Zavala y además controla a la Comisión de la reforma electoral que excluye a cualquier pensamiento distinto. Innecesariamente se obsesionaron con una reforma cuyo propósito es fijar reglas para perpetuarse en el poder. Morena solo valoró la democracia como escalera para llegar y ahora la patea para que nadie más pueda subir. El resultado es un enorme desorden político.
Morena no dialoga ni consigo mismo. Como no son democráticos hacia afuera, tampoco lo son hacia adentro. El Congreso guarda silencio y espera instrucciones, mientras la presidenta, a través de Pablo Gómez, anuncia propuestas que incluso Ricardo Monreal ya ha comenzado a cuestionar, pero anuncian que esperarán.
Además, “los enanos crecieron”. Ahí están el PT y el Partido Verde reclamando y alzando la voz. Su preocupación no está en las ideas, sino en el reparto de plurinominales. El PT tiene 38 diputados sin haber ganado un solo distrito; algo similar ocurre con el Verde. Morena no cuida a sus aliados, solo busca quedarse con toda la Cámara de Diputados, aplastando a la oposición. Por ejemplo, si no existieran plurinominales, Morena tendría cerca del 85% de la Cámara con apenas el 52% de los votos, mientras la oposición, con el 46%, apenas alcanzaría el 15%. La sobrerrepresentación sería aún más grotesca.
Morena ha decidido enfrentarse a su propio país. En lugar de atender los retos internacionales, los agrava al alinearse con Nicolás Maduro o regalar gasolina a Cuba. En lugar de enfrentar la debacle económica, persigue a quienes invierten. En lugar de dar seguridad, busca desaparecer a sus opositores.
Y en vez de informar, rendir cuentas y asumir su responsabilidad por la tragedia del tren interoceánico que dejó 14 personas muertas, Morena prefiere desgastarse en su obsesión por el poder. Veremos qué ocurre en este país donde, al parecer, no pasa nada… ni siquiera la reforma electoral. Por ello mi esperanza está en las y los ciudadanos que no pensamos como ellos, pero que amamos a este país y trabajamos por mejorarlo.
Diputada federal. @Mzavalagc

