El Carnaval, tal y como lo conocemos ahora, es antesala de la Cuaresma. Ese día parece que es la última oportunidad para los excesos antes del tiempo de reflexión y arrepentimiento. Pero en México llevamos años en ese estado; particularmente en estos días, el desenfreno ha explotado.

El carnaval en nuestro país está (des)organizado y protagonizado por Morena y su gobierno. México observa con asombro —y con el riesgo de que se convierta en una peligrosa costumbre— la manera en que destruyen instituciones en medio de una degradación del servicio público y también de las personas. La semana pasada, el resultado del desenfreno se expresó en asuntos tan sensibles como la salud y la educación.

En materia de salud, el ridículo estuvo a cargo de quienes decidieron mentir para esconder y minimizar el problema del sarampión. Desde hace tiempo, en la Cámara de Diputados, he acompañado la denuncia y el reclamo que por años ha encabezado el diputado del PAN, Éctor Jaime Barba. En cada discusión presupuestal hemos señalado, una y otra vez, los miles de millones de pesos que le han quitado al sector salud para destinarlos a otros fines, recursos que debieron garantizar vacunas y prevención.

Para colmo, el gobierno intentó culpar públicamente a administraciones pasadas —sí, a las de Calderón y Fox—. Sin embargo, al revisar los propios datos oficiales, encontramos que los más afectados por esta epidemia son niños y niñas que ni siquiera habían nacido durante aquellos gobiernos. Mintieron con naturalidad, porque la integridad no es precisamente un valor que los distinga. Tuvieron que admitir que el 70% de los afectados nació durante el gobierno de López Obrador. Intentaron esconderlo, pero la evidencia es tan clara como sus contradicciones. Y el problema no comenzó con la pandemia, desde el primer año del gobierno de López Obrador se dejaron de vacunar alrededor de 1.5 millones de niñas y niños, debido a la compra tardía de una menor cantidad de dosis.

El verdadero espectáculo, sin embargo, lo protagonizó Marx Arriaga. Increíble el exceso cuando le pidieron dejar su cargo. En un despliegue de soberbia y cinismo, enfrentó a policías y los retó a esposarlo. Un ridículo público que nos recuerda en qué manos y bajo qué visión ideológica se “hicieron” los libros de texto con los que hoy estudian millones de estudiantes en México. Vaya daño.

Al observar ese lamentable espectáculo, se entienden muchas de las razones por las cuales los libros están llenos de errores y de ideologización absurda, además de las mentiras. Por si fuera poco, en sus múltiples declaraciones negó haber hablado previamente con López Obrador, algo que resulta difícil de creer cuando se tarda tanto en contestar la pregunta expresa. Quiero recordar que para 2024 recibió 128% más recursos que el año anterior, cuando ya no tenía la misma responsabilidad porque ya se habían hecho los libros de textos. Un incremento injustificable que merece explicación sobre todo porque fue precisamente en el año electoral.

Sólo quiero advertir una frase pronunciada por el propio exfuncionario: “no me van a quitar tan fácil”. Esa expresión es una advertencia para el pueblo de México: no se irán fácilmente. Por eso debemos dejar de normalizar sus excesos y su desenfreno.

Así transcurre el carnaval en nuestro país. Desgraciadamente, este carnaval en el que algunos se divierten cometiendo abusos está costando demasiado a los mexicanos. La falta de integridad de los funcionarios la pagamos con vidas, con incompetencia y con el deterioro de nuestras instituciones.

Ojalá que, al menos quienes nos oponemos, sepamos encontrar los caminos de rectificación y responsabilidad para México.

Diputada federal. @Mzavalagc

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