Plásticos: un problema de salud pública y no solo ambiental

Marco Sánchez Guerra

El viernes 1 de enero amanecimos con una excelente noticia: a partir de este año está prohibida la comercialización, distribución y entrega de tenedores, cuchillos, cucharas, palitos mezcladores, platos, popotes o pajitas, bastoncillos para hisopos de algodón, globos y varillas para globos, vasos y sus tapas, charolas para transportar alimentos, aplicadores de tampones que son fabricados total o parcialmente de plástico y se desechan después de un solo uso. La restricción se da a partir del primer día de 2021, pero la iniciativa se planteó desde hace unos meses.

La principal justificación para la prohibición de los plásticos de un solo uso es el impacto que tienen en el medio ambiente. Sin embargo, poco o nada se ha mencionado acerca del impacto que los plásticos pueden tener en la salud de la población. Sin duda, dicha restricción es una excelente medida, pero hace falta que tanto las autoridades como la población cuenten con más información con el fin de conocer los efectos a la salud que se han asociado con el uso del plástico y poder adoptar mejores prácticas como el uso de vidrio o del acero inoxidable.

Hemos crecido con la idea de que usar plástico es más seguro que el vidrio, porque el vidrio podría romperse y cortarnos, además de que los contenedores de plástico son más ligeros y baratos que los de vidrio o de acero inoxidable. Desafortunadamente, los plásticos están diseñados para ser estables, duraderos y resistentes a la degradación y hechos de materiales que son altamente reactivos y a menudo tóxicos para los seres vivos. Los plásticos pueden tener diferentes formas, usos y pueden contar con diferentes propiedades como la flexibilidad, protección UV y repeler agua o color gracias a los aditivos que se le incorporan durante su producción. Entre los aditivos que se emplean a menudo son el bisfenol A y los ftalatos; sin embargo, también se emplea aditivos perfluorados (conocidos también como retardantes de flama) que le confieren al plástico propiedades repelentes o que los hacen más resistentes al calor.

Tanto el bisfenol A, los ftalatos y los retardantes de flama son conocidos como disruptores endocrinos, es decir que pueden provocar alteraciones hormonales –a través de imitar, bloquear o alterar la acción normal de las hormonas–, por lo que se han asociado con el desarrollo de obesidad, diabetes, problemas de fertilidad, alteraciones en el desarrollo embrionario, problemas renales, cardiovasculares y recientemente con problemas neurológicos. Debido a que estas sustancias pueden provocar alteraciones hormonales una de las etapas de mayor susceptibilidad es el embarazo y tanto las mujeres como las niñas son más susceptibles a los efectos de este tipo de compuestos.

En la literatura hay suficiente evidencia científica que muestra los efectos de estas sustancias (BPA, ftalatos y retardantes de flama) utilizadas en el plástico, basta echar un vistazo en https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov e incluir estas palabras y aparecerán cientos de artículos científicos. Como lo mencioné anteriormente, hemos crecido con la idea de que el plástico es muy práctico y seguro. Incluso en un video de la ANIPAC (Asociación Nacional de Industrias del Plástico A.C.) mencionan que es un mito pensar que los plásticos son dañinos o tóxicos y que en realidad los plásticos son inertes porque no generan ninguna reacción dañina al medio ambiente o a las personas, lamentablemente no es un mito, es una realidad. Se sugiere, por ejemplo, que una de las principales vías de exposición a retardantes de flama es a través del consumo de comida empaquetada. Por lo tanto, el restringir la venta de plásticos de un solo uso es un buen inicio, pero aún falta mucho por hacer.

A mi parecer, hace falta que tanto las personas en el gobierno como la población en general y los productores conozcan más sobre los efectos a la salud que tienen las sustancias utilizadas en la producción del plástico. En general, contar con una población más y mejor informada puede funcionar mejor que las restricciones o prohibiciones. La prohibición debería ser acompañada de una buena estrategia de comunicación y de sensibilización para que tenga mayor impacto. Contar con la información necesaria puede ayudar a la gente a tomar mejores decisiones y evitar comprar, emplear o producir cosas que sean perjudiciales para la salud, por
ejemplo, los plásticos de un solo uso que han sido restringidos por la CDMX a partir de este año, pero también otros como juguetes, utensilios de cocina, artículos para bebés o incluso muchos artículos de plástico como recipientes para agua o comida que pueden servir por más de una vez. Un problema que estamos enfrentando actualmente y desde hace unas décadas (hablando en términos de afectación a la salud) es la gran explosión que ha habido de nuevos productos químicos que se emplean para el desarrollo de nuevas tecnologías o productos. Se calcula que se han creado aproximadamente 140,000 nuevos productos químicos y plaguicidas desde 1950 y que prácticamente todos los humanos estamos expuestos a unos 5,000 de ellos. El problema radica en que menos de la mitad han sido sometidos a pruebas para determinar su seguridad o los efectos tóxicos y los estamos empleando sin ninguna restricción. Un ejemplo son los retardantes de flama que son usados en la elaboración de plásticos, productos de consumo o en aplicaciones industriales porque además de proporcionar resistencia al calor o evitar incendios también tienen propiedades que los hacen ser repelentes de agua, de grasa o de manchas (el teflón también es un retardante de flama).

Brevemente, se produjeron desde 1950 y a partir del año 2000 se iniciaron las restricciones en Estados Unidos para su producción debido a la gran cantidad de evidencia de que estos afectan la salud (problemas de alteración de hormonas, del metabolismo de lípidos, inmunotoxicidad, entre otros). Debido a sus múltiples propiedades y usos en la industria se crearon otros compuestos con las mismas propiedades industriales e incluso con la propiedad de plastificar. Estos nuevos productos son conocidos como retardantes de flama organofosforados, lamentablemente, investigaciones recientes muestran que estos nuevos compuestos provocan los mismos efectos en la salud y además se están asociando con problemas neurológicos. No necesariamente sustituir un compuesto por otro hace los productos más seguros o menos peligrosos.

Definitivamente, necesitamos tener mayor conciencia sobre los materiales y utensilios que usamos a diario y no dejarse llevar solo por la aparente mejora que traerá a nuestras vidas un producto nuevo, también es necesario pensar en las implicaciones económicas, al medio ambiente y a la salud de quienes usarán estos artículos. De preferencia evitemos el plástico en la medida de lo posible, por ejemplo, a) procuren tener una botella de agua de vidrio o de acero
inoxidable para transportar agua y así evitar gastar innecesariamente en botellas de agua o refresco; b) de preferencia utilicen recipientes de vidrio o de acero inoxidable para almacenar comida; c) en la medida de lo posible cargar con recipientes de vidrio para la compra de comida para llevar; d) eviten calentar comida o agua en recipientes de plástico (el calor propicia que algunos de los aditivos en los plásticos se desprendan y contaminen el agua o la comida) y e) eviten comprar comida empaquetada.

Reflexión: La pandemia actual nos ha enseñado que debe haber una lucha frontal contra el cambio climático de lo contrario en el futuro cercano tendremos más problemas de salud, económicos y sociales. Restringir el uso de plásticos es un buen paso, pero falta poner atención en el uso de combustibles fósiles, incentivar el uso de energías limpias, hacer las ciudades más verdes y amigables con el ambiente, mejorar el transporte público, y entre otras cosas, mejorar la educación de los futuros lideres del país y del mundo, por ejemplo, quizá se podrían incluir materias como cambio climático, toxicología y salud pública y ambiental en todas las carreras. Incluso la Dean Michelle Williams de la Escuela de Salud Pública de Harvard ha sugerido que los consorcios o empresas cuenten con especialistas en salud pública con la finalidad de que se incorporen prácticas de salud pública en los esquemas de negocio y puedan incluso enfocar su atención en la salud de los trabajadores, así como en el racismo y las desigualdades que tanto afectan a los trabajadores.

Les deseo un excelente año!
 

Postdoctor en Salud Ambiental por la Universidad de Harvard [email protected] https://www.researchgate.net/profile/Marco_Sanchez-Guerra
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