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El viacrucis por oxígeno en tiempos de Covid-19  

Marco Sánchez Guerra

Estamos viviendo una película de terror por la pandemia. En la Ciudad de México y en el Estado de México hemos regresado a semáforo rojo: Los hospitales están llenos y la gente no encuentra en dónde atenderse. Las ambulancias están ocupadas y es común escuchar las sirenas la mayor parte del tiempo, al menos en la zona de hospitales de Tlalpan. Pero también, empezamos a descubrir comercios que no eran tan visibles, gracias a las constantes y largas filas que hay en establecimientos para la compra de oxígeno. El oxígeno siempre ha sido vital, pero quizás no le habíamos dado la importancia que tiene porque, hasta antes de la pandemia, ese oxígeno que respiramos había sido gratis; sin embargo, ahora para enfermos de COVID-19 y familiares, se vuelve un recurso con un precio impagable para millones. 
 
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el 80% de las personas infectadas por coronavirus (SARS-CoV2) se recuperan de la enfermedad sin necesidad de tratamiento alguno. El 20% restante presenta un cuadro grave y experimenta dificultades para respirar. Las personas mayores y las que padecen afecciones médicas previas como hipertensión arterial, problemas cardiacos, pulmonares, diabetes o cáncer, tienen más probabilidades de presentar cuadros graves.
Sin embargo, cualquier persona puede contraer la COVID‑19 y caer gravemente enferma. Las personas de cualquier edad que tengan fiebre o tos y además respiren con dificultad, sientan dolor u opresión en el pecho o tengan dificultades para hablar o moverse deben solicitar atención médica inmediatamente. Si es posible, se recomienda llamar primero al 911 o algunos otros teléfonos para que orienten a los pacientes y de ser necesario lo envíen a un hospital que cuente con espacio para la atención del paciente. Desafortunadamente, la pandemia se ha salido de control y no hay lugar en los hospitales para poder tratar a los enfermos. Por lo que, tratar de brindar la mejor atención a los enfermos desde casa y con orientación medica es vital mientras ocurre un milagro y es aceptado en algún hospital. 
 
Dado que COVID-19 es una enfermedad respiratoria, una de las principales cosas que un enfermo grave con COVID-19 requerirá es de la oxigenación asistida. Según nos explica el Dr. Sebastián Rodríguez Llamazares, especialista en neumología y uno de los que están en la línea de fuego en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, la oxigenación de una persona sana debe ser igual o mayor al 90%. La COVID-19 genera alteraciones en los pulmones (un proceso inflamatorio llamado neumonía) que comprometen la oxigenación normal de la sangre. Esto hace que los pacientes que desarrollan falta de aire o disminución de la saturación requieran de oxígeno adicional para que el cuerpo sufra menos daño. Para poder monitorear la oxigenación en sangre es necesario contar con un oxímetro de pulso. 
 
Hasta aquí la cosa parece sencilla y para los que no estamos relacionados con la oxigenación asistida pareciera que tan solo basta con ir a un establecimiento y comprar o alquilar un tanque de oxígeno y listo, nuestro paciente se recuperará. Desafortunadamente no es así, se necesita hacer varias consideraciones: A) el tiempo que el enfermo podría requerir el oxígeno (usualmente entre 10 y 14 días si no hay complicaciones), los litros de oxígeno que requerirá (variable entre 1 y 5 litros por minuto) y considerar la posibilidad de que las necesidades de oxígeno van a ir aumentando con el paso de los días en caso de que la salud del paciente no mejore o de no poder encontrar espacio, lo antes posible, en un hospital. Conocer sobre esto podría ayudar a la gente a brindar una mejor atención a su familiar, pero también permitirá enfrentar mejor las adversidades como el costo y la disponibilidad. A continuación, trataré de mencionar algunas de las opciones que se pueden encontrar en el mercado. 
 
El cilindro más común y portátil tiene una capacidad de 680 litros y rinde alrededor de 4 horas con un flujo continuo de 3 litros por minuto, mientras que un tanque grande de 9,500 litros rinde aproximadamente 48 hrs, sin embargo, la duración del tanque dependerá de las necesidades del paciente para tratar de mantener una saturación igual o mayor a 90. Un problema al que tanto los enfermos como los familiares se tienen que enfrentar es al precio de los tanques, ya sea por comprarlos o rentarlos. El costo del tanque portátil de aproximadamente 680 litros en varios establecimientos ronda en promedio los 6,000 pesos.  

Realicé una pequeña investigación en varios locales en la zona de hospitales y los precios podrían variar en otras zonas de la CDMX o del Estado de México. En algunos establecimientos que visité en esta zona de Tlalpan encontré que el costo por rellenar el tanque portátil durante el día puede ir desde los 70 pesos hasta los 120 pesos y dicho costo generalmente se incrementa al llegar la noche.
Por ejemplo, en un establecimiento sobre Tlalpan, el costo de rellenar durante el día es de 120 pesos, pero durante la noche el costo se incrementa a 200 pesos. En otro lugar, durante el día el costo es de 100 pesos y a partir de las 9:00 pm es de 180 pesos. En dos establecimientos, el sábado 19 de diciembre por la tarde, me encontré con que la carga del tanque portátil cuesta 90 pesos, pero comentaron que se les estaba terminando y que solo estaban llenando hasta ¾ partes por un costo de 70 pesos, mientras que en el establecimiento donde la recarga es más barata (70 pesos) solo estaban rellenando al 75% por el mismo precio con el argumento de que se les estaba acabando la presión y no podían suministrar la carga completa. Al preguntar a algunos clientes sobre su experiencia mientras esperaban el servicio, la mayoría manifestó su inconformidad por dos cosas principalmente, la primera porque los precios cambiaban con facilidad y la segunda por el tiempo de espera; sin embargo, mencionaron que se tenían que aguantar porque sus familiares necesitaban del oxígeno y no tenían ninguna otra alternativa.  

Como se puede observar en esta pequeña investigación, el costo del oxígeno puede incrementarse hasta casi 3 veces dependiendo del establecimiento y de la hora en que se tenga la necesidad de comprar. Al ver la diferencia en los costos del oxígeno, estuve investigando en el Estado de México con un distribuidor de oxígeno medicinal e industrial y me comentó que los precios no están regulados y que el costo básicamente lo establecen los distribuidores con base en la oferta y la demanda.  
 
Desde este espacio hago un llamado a la Profeco, para que vigile que no se cometan abusos que impidan proporcionar oxígeno a los miles de enfermos que lo necesiten. Otro de los efectos de la pandemia es el económico y en un México con tanta desigualdad social hace que el oxígeno se esté convirtiendo en un accesorio de lujo y que la gente que menos tiene sea la más afectada. Por ejemplo, en el caso de requerir de la oxigenación constante y siguiendo con el ejemplo de usar el tanque portátil y más común con una dosis de 3 litros por minuto, se requeriría de rellenar 6 veces el tanque para satisfacer la demanda en 24 hrs y de un tanque adicional para garantizar que el paciente no se quede sin la oxigenación provista por el tanque mientras se rellena el otro, lo cual, daría un aproximado de 12,840 pesos para la oxigenación en un lapso de 2 días, considerando la compra de 2 tanques (6,000 pesos en promedio por tanque) y de 12 recargas (considerando un precio de 70 pesos y el más económico encontrado en la zona) para la administración de 3 litros por minuto en 48 horas. Sin embargo, dicho costo podría aumentar significativamente en caso de que la demanda de oxígeno por parte del paciente sea mayor y del número de días que se requiera de la oxigenación asistida y/o hasta que pudieran encontrar lugar en un hospital que los asista o que desafortunadamente la persona pierda la vida. 
 
Otra opción es rentar o comprar un concentrador de oxígeno, el cual podrá proveer de manera ininterrumpida hasta 5 litros por minutos sin necesidad de tanques. Es una mejor opción para pacientes con requerimientos de hasta 5 litros por minuto. Una de las principales ventajas es que el paciente tendría garantizado en todo momento la disponibilidad del oxígeno, los familiares no tendrían que estar peregrinando a cualquier hora del día, principalmente en la noche o en fines de semana, tiempo en el cual es más difícil encontrar lugares abiertos y con la disponibilidad, sin mencionar los peligros a los que se expone uno al andar por la noche en la ciudad. Sin embargo, la principal limitante podría ser su costo que va de entre 15,000 a 30,000 pesos dependiendo de la marca. En uno de los establecimientos consultados, la renta mensual del concentrador de oxígeno es de 4,200 pesos al mes y se tiene que dejar un depósito de 6,000 pesos que se devolverá una vez que se regrese el equipo. Otra limitante adicional es el costo que genera en el recibo de luz mensual.  
 
En México sabemos de la gran desigualdad que existe y que la pandemia ha venido a incrementar. Miles han perdido sus empleos y muchos millones más no han podido dejar de trabajar por la pandemia, es más, ni siquiera tienen la opción entre dejar de trabajar o quedarse en casa para evitar el contagio, sino trabajan no comen ese día o el siguiente. Según datos del CONEVAL, en el tercer trimestre de 2020, el ingreso laboral real promedio de la población ocupada a nivel nacional fue de $4,252.90 al mes, por lo que el oxígeno medicinal para miles de enfermos de COVID-19, lamentablemente se vuelve inaccesible. Ojalá la Profeco vigile que los precios sean los más justos en los diferentes establecimientos y que el sobreprecio no sea un impedimento más, para poder acceder al tratamiento y tener la oportunidad de sobrevivir a la COVID-19. 
 

Postdoctor en Salud Ambiental por la Universidad de Harvard 
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https://www.researchgate.net/profile/Marco_Sanchez-Guerra
 

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