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Apertura de restaurantes durante semáforo rojo: una locura si no se cuida la ventilación

Marco Sánchez Guerra

Desde hace varios días se han estado reportando, aproximadamente, 1,000 muertes diarias por COVID-19, los hospitales están operando prácticamente al 100%, en muchos lados se reporta desabasto de oxígeno y se ven largas filas en los establecimientos para el relleno de tanques de oxígeno, cerca de los hospitales se puede escuchar día y noche a las ambulancias.  
 
A casi un año de reportarse el primer caso de COVID-19 en México, la pandemia está pegando más fuerte que nunca. Desafortunadamente, se han reportado más de 140,000 muertes oficiales, aunque se estima que el número real de muertos por COVID-19 podría estar oscilando las 350,000 muertes (2.5 veces más que el número oficial), además la economía cada día se encuentra peor, miles han perdido su empleo, millones de personas no pueden dejar de trabajar y miles de establecimientos han quebrado o están enfrentando problemas graves para mantenerse.  
 
Lo que se sabe hasta ahora y desde hace meses es que la principal vía de transmisión del coronavirus es a través de los aerosoles que se encuentran en el aire de espacios cerrados. En esta vía de transmisión es en donde se tendrían que haber enfocado desde hace meses y hacer los cambios necesarios para mejorar las condiciones de ventilación en todos los lugares, pero principalmente en aquellos donde hay más riesgo de infección y donde ya es insostenible mantenerlos cerrados o parcialmente abiertos. Un ejemplo, son los restaurantes que después de haberse manifestado se les autorizo abrir parcialmente. Abrir estos espacios puede ser una locura en el peor momento de la pandemia, sobre todo si no se establecen medidas que puedan disminuir el riesgo de infección. En lo personal, yo no tomaría el riesgo de infectarme por asistir a un restaurante, pero si los restaurantes ofrecieran el servicio al exterior o incluso al interior con mejoras visibles en la ventilación o filtración de aire lo podría considerar y asistir. 
 
Hasta hace unos días se empezó a hablar sobre evitar lugares poco ventilados por parte del gobierno y algunos medios de comunicación, pero es un tema que tiene meses en la boca de muchos científicos. Incluso, algunas de las restricciones que tendrán los restaurantes, para poder dar servicio es que lo hagan en las terrazas, estacionamientos o incluso en las banquetas. Hay evidencia de que realizar actividades en espacios abiertos disminuye el riesgo de infección en un factor de 10, por lo que, sin duda, es una buena sugerencia por parte de las autoridades. Estás recomendaciones son buenas, pero se necesita que se hagan más cambios al interior de los establecimientos, para que puedan aprovechar sus instalaciones y puedan brindar su servicio con un menor riesgo de infección para sus clientes.  
 
¿Por qué la ventilación importa? Hay que recordar que la principal vía de contagio es a través de aerosoles. Los aerosoles, son gotas muy pequeñas que se expulsan al respirar, hablar, toser, estornudar, cantar o gritar y que por su tamaño quedan flotando en el aire por unas horas y pueden dispersarse por distancias mayores a 5 metros en espacios cerrados y que no cuentan con buena ventilación. Además, se ha estimado que una persona con COVID-19 puede exhalar aproximadamente 10 veces más el virus al ambiente al hablar en comparación con mantenerse en silencio y de 50 veces más, si la persona canta o grita. Esto es lo que hace que los bares y restaurantes, por ejemplo, sean de los lugares con mayor riesgo de contagio. Mantener una buena ventilación en este tipo de espacios ayudaría a eliminar o diluir la presencia de aerosoles contaminados con el virus y, por lo tanto, a disminuir el riesgo de contagio.  
 
Existen dos formas de ventilar, la primera es por medio de ventilación mecánica y la segunda la ventilación natural. En la primera, se recomienda que los equipos utilizados proporcionen de 4 a 6 recambios de aire por hr, para poder tener una buena ventilación y mantener un riesgo bajo de contagio. Esto quiere decir que aproximadamente cada 10 o 15 minutos el volumen total de aire del interior se limpia o se remplaza con aire del exterior. La segunda, la natural, puede ser suficiente en muchos espacios y/o complementaria. Pero se debe tener en mente diferentes consideraciones, por ejemplo, las condiciones ambientales, el tamaño del lugar, el número de ventanas y puertas que puedan permanecer abiertas, en el caso de la ventilación natural y, de manera muy importante, el número de personas que se encuentran en el interior. Una medida que se ha establecido es permitir una ocupación de entre 30 y 40% de la ocupación máxima y mantener sana distancia, para evitar contagios, sin embargo, dicha medida es insuficiente y el porcentaje permitido podría variar dependiendo del tipo de lugar y, sobre todo, de la ventilación que exista. Cabe resaltar que, si la ventilación no es buena en los establecimientos, la sana distancia no sirve, dado que los aerosoles se pueden mantener por horas en el aire y expandirse dentro de la habitación por distancias mayores a los 1.5 metros establecidos como sana distancia provocando contagios en personas sin cubrebocas. 
 
Una forma de conocer si la ventilación y el porcentaje de ocupación en un espacio cerrado son los adecuados, es medir la cantidad de dióxido de carbono (CO2) de manera constante. El CO2 es un gas que se expira como parte del proceso de respiración y de no existir una adecuada ventilación dicho gas tiende a acumularse, por el contrario, si hay buena ventilación los niveles de CO2 serán menores a 700 ppm. Con esta medida, el porcentaje de ocupación permitido en los establecimientos, sin duda, podría modificarse y en algunos casos donde exista una buena ventilación mecánica o natural, dicho porcentaje de ocupación podría ser incluso mayor al 30 o 40% establecido como seguro sin correr peligro de que el riesgo de contagio aumente. Para esto, es conveniente, que tanto las autoridades como los dueños o administradores de establecimientos pudieran contar con un equipo para monitorear constantemente los niveles de CO2, para controlar de manera más acertada el número de personas al interior de los establecimientos y garantizar que haya una adecuada ventilación y que el riesgo de contagio por coronavirus sea bajo. Este tipo de equipos tiene un costo promedio de 6,000 pesos. 
 
Otra alternativa es el uso de purificadores de aire portátiles con filtro HEPA. Los filtros HEPA pueden remover casi por completo (99.9%) del polen, polvo, bacterias y partículas con un tamaño de hasta 0.3 micrómetros. Aunque el virus es más pequeño que 0.3 micrómetros, éste nunca viaja solo en el aire, generalmente el virus se encuentra en el aire entre las partículas o en los aerosoles, que pueden medir entre 1 y 10 micrómetros, permitiendo que el virus quede atrapado en el filtro del purificador. Existen diferentes marcas y precios en el mercado y la elección de un purificador portátil de aire debe ir en función del tamaño del espacio que se requiera purificar. Para mantener la eficiencia del purificador es recomendable cambiar los filtros cada cierto tiempo y este dependerá de las recomendaciones del fabricante. Una limitante que podría existir, para la compra de un purificador portátil de aire con filtro HEPA es su costo y la disponibilidad. Al menos en Amazon este tipo de purificadores comienzan a escasear. Sin embargo, existen alternativas, como de purificadores artesanales que podrían ser tan eficientes como los purificadores con filtro HEPA, pero a un costo menor. Para más información visitar el siguiente link.  
 
Debemos tener en mente que cualquiera puede estar infectado y ser asintomático, por lo que, en realidad no hay algo que nos pueda alertar sobre el riesgo de transmisión y tendríamos que tratarnos como si todos estuviéramos enfermos y tener los cuidados necesarios para evitar infectar a otros que podrían desarrollar síntomas graves e incluso perder la vida. Hace unos días, se publicó un artículo en JAMA Network Open que entre las personas asintomáticas (personas quienes no desarrollarán síntomas) y personas pre asintomáticas (personas quienes aún no manifiestan síntomas) son responsables de, al menos, el 50% de todos los nuevos casos con COVID-19. Por lo tanto, hay que recordar que la mejor estrategia para disminuir el contagio de coronavirus es seguir una serie de medidas de contención en conjunto. La primera es usar obligatoriamente el cubrebocas y evitar aquellos con válvula, evitar lugares cerrados con poca o nula ventilación, lavado frecuente de manos, mantener sana distancia. 
 
Reflexión: con la información anterior podría ser más fácil tomar la decisión de arriesgarse o no a asistir a los restaurantes, pero también para poder tomar medidas que ayuden a mejorar las condiciones de los establecimientos y evitar mayores pérdidas económicas, pero, sobre todo, de vidas. ¿Ustedes asistirían a restaurantes en estos meses? 
 
Postdoctor en Salud Ambiental por la Universidad de Harvard. 

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