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Tragedia sin ética: el caso López-Gatell

Marcela Gómez Zalce

Los jaloneos por el control de todos los datos lo han llevado a una delicada confrontación

“No afecta en nada porque la mayoría de la gente ni se entera”, indicó el presidente López Obrador en su distintiva propaganda mañanera sobre el ranking de Bloomberg en el que se señaló a México —en el último lugar, de 53— como el peor país para estar durante la pandemia.

Desde la primera vez que se utilizó el término empatía a principios del siglo pasado, su uso se ha extendido por diversas ramas de la psicología dando lugar a una importante proliferación de categorías y teorías concebidas para su funcionamiento y para describir sus componentes. Uno de ellos es el relativo a lo emocional considerándose un factor de gran peso en el análisis de conductas ante realidades adversas, de crisis o desgracias.

“Atribuyo a que no tienen la información y que las publicaciones más famosas del mundo suelen equivocarse. No son infalibles y a veces, algunas, suelen actuar sin ética”, declaró ya encarrerado el Ejecutivo. El panorama de aterradora tragedia con más de 100 mil muertos —según cifras oficiales— por covid19 acompañaron el puntual diagnóstico en Palacio Nacional.

Aristóteles, el célebre filósofo griego definió la tragedia como una imitación de una acción y una vida. Quizá la crisis sanitaria que vive el país es vista por algunos funcionarios de la cuatroté como un empático anillo al dedo de una catarsis trágica. ¿Hay acaso conflictos de interpretación de los (otros) datos expuestos diariamente por el subsecretario López-Gatell?

El funcionario encumbrado por el presidente para ser el vocero y la punta de lanza para desarrollar la estrategia integral de una pandemia que le dio a México una clarísima ventaja ante lo ocurrido en Asia y Europa, hoy es cuestionado por sus erráticos resultados.

No hay sombrilla presidencial que lo proteja de la tormenta de críticas ante el cementerio que está dejando el covid19 en un país con profundos problemas de salud y su aparato desmantelado por esta administración. Los traspiés en la implementación desde el primer día de llevar a cabo pruebas —para el seguimiento epidemiológico— y el uso del cubrebocas fueron desestimados por el funcionario y el uso del último llevado al terreno de la politización.

El pequeño “zar” fue arrastrado por el canto del reflector mediático y en estos meses de confinamiento el cacareado modelo Centinela, que nunca pudo explicar ya no digamos aplanar la bendita curva de contagios, quedó desplazado por un semáforo descompuesto de tantos tamices rojos y anaranjados.
Como si no bastara, los jaloneos por el control de absolutamente todos los datos lo han llevado a una delicada confrontación con gobernadores, la jefa de gobierno y funcionarios del gabinete. El canciller Marcelo Ebrard fue obligado a entrar de lleno a resolver el desordenado tiradero, la descoordinación y la logística de insumos en medio de la enloquecida pandemia.

El régimen presume de ir “bien” ante el furioso repunte acompañado del ánimo de una ciudadanía harta, cansada y triste por la pérdida de seres queridos y una feroz crisis económica. Y ni hablar del fatigado personal de salud y el escenario ya delicado en innumerables hospitales.

El subsecretario vislumbró con la llegada de una vacuna una salida triunfal, pero como su tragedia no procede de los componentes del drama nacional, decidió torpedear el anuncio del canciller sobre la posibilidad de empezar este diciembre con un proceso de vacunación y al diablo con la lucecita de esperanza en el imaginario colectivo sin “fuerza de contagio”.

No hay suficientes distractores ni pirotecnia mediática para borrar cada día la catástrofe nacional en contagios y muertos. Y aquellos (as) que creen estar investidos de un poder sobrenatural y de fuerza moral se estrellarán en el muro de su preocupación histórica… y ética.

POR LA MIRILLA

En los pasillos del poder se desliza que Luisa María Alcalde irá al Congreso de la Ciudad de México y de ahí pavimentar su posible candidatura a la jefatura de gobierno en el 2024. 

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