Se enferma la confianza en la 4T

Marcela Gómez Zalce

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha expresado que el Covid-19 es el enemigo de la humanidad. El cierre parcial en algunos casos —y total en otros— de fronteras en la Comunidad Europea y hace unos días entre Canadá y los Estados Unidos, parecen ser medidas cuestionables para detener el contagio masivo de un virus silencioso cuyos síntomas no aparecen hasta días después de haberlo contraído. Los estragos de esta pandemia que ya visualizan los mercados ha puesto en modo pánico a los inversionistas globales, a Wall Street y a la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) obligados en varias ocasiones a paralizar temporalmente cotizaciones ante el colapso financiero. Analistas y expertos avizoran, hace ya varias semanas que el mundo se dirige irremediablemente a una recesión global cuyas consecuencias en la comunidad internacional no son difíciles de pronosticar; desempleo, ingobernabilidad, inestabilidad social y amenazas a su seguridad doméstica.

Las consecuencias económicas y humanas provocadas por las enfermedades infecciosas son catastróficas. Las pandemias y epidemias afectan a la seguridad nacional e internacional, ningún país puede abordar el problema en solitario. De tal forma la respuesta debe ser coordinada a nivel global con independencia del lugar geográfico de la aparición del brote.

Para ofrecer esta respuesta coordinada es fundamental fomentar los tres pilares sobre los que debe asentarse esta batalla contra un enemigo invisible, rápido y peligroso: la prevención, la detección temprana y la respuesta. Lo sucedido en Asia ante la emergencia sanitaria llevó a Europa a llevar a cabo acciones drásticas, tardías, obligando a sus gobiernos a implementar medidas estrictas de circulación y confinamiento obligatorio. Variadas escenas que inundan las redes fomentan también la otra pandemia, no menos peligrosa, la psicológica: el pánico.

Aquí en México el escenario, mucho antes del brote infeccioso, viene acumulando ingredientes de malestar social ante un pésimo manejo en varios temas, ahí están las consecuencias del desdén e indiferencia por la equidad de género y los feminicidios, y una genuina preocupación en la esfera empresarial por el manejo de la política económica.

Este volátil contexto y la combinación del miedo, el coronavirus y un gobierno percibido como ausente, descoordinado, desordenado, en ocasiones omiso y fanfarrón donde por un lado el “científico” quien toma el micrófono mañanero con ese distintivo tono soberbio de experto instruyendo las debidas y puntuales recomendaciones de higiene y “sana distancia” para prevenir contagios masivos, mientras el “político” se las pasa por salva sea la parte porque su fuerza es “moral y no de contagio”, son ejemplos de la nula seriedad y lo más grave, de la simulación alrededor de un tema de salud pública que tiene al mundo de rodillas ante ese enemigo invisible. Esto sólo alimenta en la psique colectiva sentimientos de vulnerabilidad, abandono y por ende, desconfianza.

Este gobierno ha dado ejemplos de sobra en 15 meses que carece de una hoja de ruta para abordar los retos interrelacionados de la confianza y de la cohesión social.

Confiar es crear certidumbres. Tejer redes entre personas, comunidades, sociedades y Estados. En estos tiempos oscuros e inciertos la confianza es una necesidad pre-funcional que contribuye a vencer el miedo. Porque éste, contagiado, es detonador del colapso.
 

@GomezZalce

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