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Los nuevos satélites de AMLO

Marcela Gómez Zalce

La corrupción sigue recorriendo nuestro territorio como una endemia y con un muy mal pronóstico para su erradicación. Como nunca antes abundan licitaciones directas y fideicomisos a modo con nula transparencia

La invención de aquel movimiento amplio e incluyente, que hoy día es el partido Morena, fue un gran acto de imaginación política. Su fin hoy no es el consenso, el diálogo y la alianza para encarar la adversidad sino ser una maquinaria electoral para satisfacer la visión única transformadora de su creador.

Sus integrantes más radicales, cuyo eje desestabilizador se encuentra en las coordenadas Palacio Nacional-Ciudad de México, lo perciben como agencia de colocaciones y trampolín para acceder a cargos de elección popular o puestos en el gobierno lopezobradorista. Sin la brújula del inventor y en medio de la cruenta disputa este grupúsculo devela su esencia divisionista que debilitará una administración desordenada que da tumbos y tropieza destruyendo el Estado de derecho y el imperio de la ley vulnerando la estabilidad política en medio de una profunda crisis sanitaria y económica.

Hoy las descalificaciones entre militantes del partido en el poder, las denuncias penales, las solicitudes de juicios políticos, consultas y los fallidos distractores están sembrando vientos que cosecharán tempestades.

En la coyuntura actual hay un evidente malestar social agravado por el pésimo manejo de una pandemia y un confinamiento de muchos meses disparando conflictos y protestas que son punta de un peligroso iceberg rumbo a la elección intermedia.

La toma de casetas, plantones en importantes vías de comunicación, operativos de seguridad fallidos, robo de medicamentos, alza en feminicidios y espiral de violencia exhiben la ausencia del gobierno por lo que debe colocarse sobre la mesa la discusión de la incidencia de la impunidad en la sensibilidad e imaginario sociales donde “todo está permitido”.

¿Cuáles son las implicaciones éticas de estas prácticas toleradas hoy por el Estado mexicano bajo el paraguas del “no somos represores” y la moral transformadora? Como nunca antes hay una perversa relación entre política e impunidad y justicia e impunidad que se prometió atacar y erradicar sin distingos ni dobles raseros.

Más allá del impulso revanchista, los señalamientos contra medios de comunicación y el ajuste de cuentas diario del presidente, el país transita bajo su yugo pretendiendo anular con descalificaciones acciones para exhibir y disminuir dichas prácticas.

La corrupción sigue recorriendo nuestro territorio como una endemia y con un muy mal pronóstico para su erradicación. Como nunca antes abundan en el gobierno licitaciones directas, fideicomisos a modo con poca o nula transparencia.

La prisa presidencial por cumplir promesas y de paso hacerse de cualquier cantidad de recursos adicionales aumenta la tensión en la poca eficiencia de la gestión gubernamental como daño colateral del desastre interno de Morena que, con su interminable pleito, ocasionó el despliegue de la estrategia desde Palacio Nacional para que el Tribunal Electoral abriera la puerta a nuevos partidos en la arena política.

Con sus nuevos satélites López Obrador amarra “lealtad a ciegas”, divide el voto y mantiene su status quo político para consolidar sus intereses particulares en el mediano plazo, reflejando con ello el papel de su pensamiento intuitivo —guiado por sus propias emociones— como complemento de su pensamiento lógico —guiado por su experiencia y capacidad de análisis-- que le está mostrando el riesgo de la implosión morena.

POR LA MIRILLA

Andrés Manuel López Obrador le aplica la lex talionis a Felipe Calderón.

@GomezZalce

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