Lo han convencido, Presidente

Marcela Gómez Zalce

Las renuncias de prominentes personajes de la 4T enarbolan una muda decepción, un desorden interno, la nula gestión de riesgos y la simulación del gobernar para todos

La génesis partidaria de Morena sufre de una transformación motivada por la disputa interna por el poder. El movimiento social impulsado por el líder hegemónico, visionario y universal carece de pensamientos estratégicos que orienten procesos políticos diversificados que estén a la altura de los desafíos que enfrenta el gobierno de Andrés Manuel López Obrador

Morena es hoy una fotografía de radicalización y de tribus de izquierda incapaces de alcanzar acuerdos hace meses para la renovación de su dirigencia, proceso convertido en una arena de golpes bajos, reyertas, venganzas y ajustes de cuentas impulsado por aquellos morenistas que se creen inmaculados por el halo presidencial.

Pronto olvidaron aquella magnánime invitación del entonces candidato tabasqueño a todos para sumarse a su movimiento que presumía ser incluyente, diverso, tolerante.

Hoy las nuevas prácticas morenas no estimulan la elaboración teórica ni la problematización crítica de las nuevas realidades.

A la luz del inestable contexto nacional y del enfrentamiento directo encabezado por el Ejecutivo contra adversarios, enemigos, conservadores, intelectuales, periodistas, colectivos, empresarios y una lista que se alarga, la estrategia de rápido pasaje de una fase democrática y de alianzas a una fase de ruptura y radicalización está en marcha: Con la 4T o contra la 4T. 

Esta peligrosa trayectoria no ha sido motivo de profunda reflexión porque al presidente lo han convencido de que la ruta de la polarización y los ataques directos en su retórica mañanera entre buenos y malos es la única vía para materializar el espejismo en que se ha convertido la cuarta transformación. 

Las renuncias de prominentes personajes enarbolan una muda decepción, un desorden interno, la nula gestión de riesgos y la simulación en el piso parejo de gobernar para todos. 

El conflicto es la actividad clave de la vida política actual y hay un doble rasero en la 4T para los de casa y para cualquier oposición. Los traspiés para justificar el cerco policiaco contra un grupo opositor al gobierno desnudan al mismo tiempo la absoluta sumisión del gobierno local a las rabietas presidenciales y al diablo la congruencia. El método heurístico del ensayo y error es práctica común en el arte de gobernar sin medir resultados y consecuencias.

El botón del Covid-19 y su errático manejo mantiene a la capital estancada en el semáforo naranja hace meses. El presupuesto 2021 palidece en perspectiva de salud pública cuando se está muy lejos del término de la primera ola de contagios y los verdaderos expertos anuncian que esta pandemia apenas empieza y al mundo le espera un difícil cierre de año y un sinuoso camino para una recuperación integral. México habrá retrocedido décadas en la esfera educativa, social y económica pero al Ejecutivo lo empodera su obsesión de una realidad alterna. 

Olvidan que a un liderazgo político se le concibe como la capacidad de conducción de los asuntos públicos tanto en el Estado como en los partidos políticos. La ausencia de una oposición fuerte y unida permite los desfiguros y la exhibición más rupestre por parte de los actores de Morena en su cruenta batalla interna que golpea la línea de flotación en Palacio Nacional debilitando al gobierno y al presidente. 

Las señales de rápida descomposición interna y externa están a la vista de todos aunque sean obligados a simular y callar pasando por alto que.. ese silencio es ensordecedor. 

Por la Mirilla. El Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado, fue robado al parecer, por funcionarios de la 4T. 

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