La vacuna del 2021

Marcela Gómez Zalce

La danza de los acusados no alcanzará para distraernos de la tragedia que vive el país

Analizar elementos globales, interregionales, regionales y estatales permite explicar la reconfiguración geopolítica del poder global y cómo se están reposicionando los actores internacionales con el fin de tener mayor injerencia y control aprovechando la pérdida de liderazgo en los últimos años de Estados Unidos a partir de la llegada de Donald Trump. La dinámica en la política exterior estadunidense ha tenido un impacto, pronto se verá qué tan irreversible, en la reconfiguración del orden mundial el cual tiende a ser multipolar pero ahora con el agravante del incremento de la inestablidad y el riesgo global empujado por el factor pandemia covid19.

El coronavirus detonó tensiones previas entre potencias y precipitó los desequilibrios acumulados. Las advertencias de la pandemia que fueron sistemáticamente ignoradas y subestimadas por el presidente Trump y el mal manejo de la misma le pasará la factura en las urnas el próximo mes de noviembre. La narrativa que en la Casa Blanca se venía construyendo para exhibir las decisiones políticas de los demócratas en el poder durante la administración de Barack Obama en materia de seguridad bilateral podría no tener el resultado electoral esperado por Trump y por ende para López Obrador.

Una de esas polémicas decisiones giró alrededor del operativo “Rápido y Furioso” implementado durante el gobierno de Obama donde en la oficina del vicepresidente Biden se tenía conocimiento de las comunicaciones institucionales entre el gobierno estadunidense y dependencias del gobierno de Felipe Calderón. No sorprende que el asunto haya sido ventilado por esta cuatroté y que hubiera empatía de la administración de Trump en darle juego al tema. Ambos mandatarios tienen coincidencias en sus torbellinos electorales: Allá una releeción y aquí una elección intermedia. Y la esfera de seguridad siempre es vía para exhibir y denostar administraciones.

El juicio del líder del Cártel de Sinaloa, Joaquín el Chapo Guzmán —cuya extradición fue operada por el entonces canciller Luis Videgaray como un gesto al gobierno de Obama ante el agravio de la invitación al candidato Trump a México— y la detención de García Luna convergen justo en esos intereses pero la secuela de un pésimo manejo de la pandemia, como factor clave, ha modificado el tablero electoral y la posibilidad del triunfo republicano. Hoy los demócratas acarician la probabilidad del regreso a la Casa Blanca y de suceder así habrá cambio en esas señales e intereses bilaterales.

Se abrirá un nuevo juego en las negociaciones incorporando al contexto el juicio que enfrentará Rubén Oseguera González, El Menchito, integrante e hijo del líder del CJNG que ventilará la corrupción y la estructura criminal en ambos lados de la frontera.

No extraña entonces que ante lo anterior y la suma de los factores del desorden institucional, la descarnada disputa por Morena, la crisis económica y el errático manejo de la emergencia sanitaria el presidente López Obrador eche mano de los escandalosos actos de corrupción del pasado para enviar señales a sus adversarios políticos más con fines de amagar alianzas electorales que de justicia a secas.

La peligrosa danza de los acusados y el desaseo en la filtración de datos sensibles no alcanzarán para la distracción de la enorme tragedia que vive el país y que tendrá un impacto en las urnas. No es fortuito que se encendiera la vela de la esperanza de tener una vacuna a escasos meses de la elección 2021.

Twitter: @GomezZalce

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