La burbuja de los secretos

Marcela Gómez Zalce

Ausentes el Estado, las autoridades policiacas, la civilidad y el orden se dio paso al caos y a la barbarie

En los procesos de democratización y de reformas económicas-sociales, el derecho y la administración de justicia son factores sine qua non, por lo que ambos deben ser contemplados y analizados como un conjunto orgánico, un verdadero sistema y no como un conglomerado más o menos acertado de normas, instituciones, personas y procesos. 

El no hacerlo ha dado —y sigue dando— la exhibición nacional del otro cuadro del horror y la impunidad: la justicia para los intereses particulares y antagonismos inherentes a la disputa del poder. Obstaculizar la obtención de un equilibrio adecuado y el riesgo de basar decisiones en criterios intuitivos, irracionales, revanchistas y emotivos en lugar de fundarlos en parámetros objetivos, reflexivos y racionales son la punta del iceberg de décadas de podredumbre institucional.

Es innegable el distanciamiento y la brecha entre la procuración de la justicia y las normas que la sustentan con las necesidades y aspiraciones de una gran parte de la ciudadanía que hoy se siente abandonada a su suerte. Secuestrada por el poder en turno los ejemplos sobran, avergüenzan y agravian sumándose a un caldo de cultivo en la actual coyuntura de consecuencias reservadas. 

La reciente filtración de un audio del titular de la FGR muestra la profunda descomposición al interior de la burbuja (de los secretos) presidencial. Derrumba el sonsonete del no somos iguales y golpea la credibilidad de la autonomía ante el silencio cómplice de los siervos morenos. 

El presidente López Obrador respaldando al fiscal obsequió la distintiva perorata del eterno compló universal contra su transformación: todos los sectores internos y externos están concentrados conspirando para debilitar su gobierno y el movimiento feminista tampoco es la excepción. La ola violeta que llenó esa emblemática plaza sitiada por enormes muros mostró la distancia, ignorancia y nula empatía con la causa. 

Los meses pasan y la escalada de violencia no se detiene y en el fango del descrédito los ministros de la SCJN resbalan, qué mas da piso parejo para todos donde nadie parece salvarse. 

Temerosos ante la ira presidencial y el evidente espionaje de los de casa el ambiente se enrarece y busca salidas en una olla de presión condimentada diariamente con el discurso de odio, polarización y revanchismo desencadenando que la persecución engendre su propia brutalidad. Sin embargo, la locura consiste en persistir. La testarudez, fuente del autoengaño juega un papel notable en este gobierno; actúan de acuerdo con el deseo sin permitir que los desvíen los hechos y la realidad. 

Lo sucedido en el estadio La Corregidora en Querétaro es la imagen del desgarramiento de la República. Ausentes el Estado, las autoridades policiacas, la civilidad y el orden se dio paso a la impunidad, al caos, la barbarie y a ese miedo que acompaña a millones de mexicanos ante el empoderamiento de comportamientos criminales que reciben abrazos del Estado. Masacres y ejecuciones son evaluadas de acuerdo a ideas fijas preconcebidas. 

La culpa del fracaso es del pasado. 

La violencia constituye en el momento actual una situación generalizada. Todos los fenómenos se relacionan entre sí ya que la violencia (verbal) puesta en marcha desde el micrófono mañanero y coreada por actores organizados constituye el marco dentro del cual se desarrolla la violencia desorganizada. Es ahí donde germinan el agravio y el rencor. 

Y de seguir esa ruta el choque con la realidad será brutal. 

 

Twitter: @GomezZalce

El Universal

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