La persistencia inflexible en la conducta o creencia acompañada además de resistencia a modificaciones o al cambio incluso cuando existen razones y evidencias en contra, colocaron al gobierno de Sheinbaum en una encrucijada en un contexto político fuera de su control.

El punto de decisión, epicentro entre varias estrategias posibles y cuyos resultados dependieron también de la agenda de otros actores crearon un nodo en la decisión estratégica donde todas las acciones disponibles generaron diferentes equilibrios y resultados interdependientes entre los involucrados.

El tiradero y desaseo político alrededor de la reforma electoral ha exhibido mucho de las formas, pero sobre todo del fondo. El ambiente en las burbujas de poder aliadas y dentro de Morena emiten un tufo de toxicidad y abierto desafío a la figura presidencial.

Surge una de varias preguntas, ¿la inclusión de la revocación de mandato respondió a una estrategia de reducción de incertidumbre ante la muy compleja coyuntura no sólo doméstica sino en la relación con los Estados Unidos?

La señal que mandó Palacio Nacional para introducir mecanismos de control institucional para evitar descalabros y desequilibrios desfavorables sigue en la mira telescópica del rifle estadounidense justo en medio de la sala de las negociaciones del T-MEC. La insistencia durante semanas para la aprobación de la manoseada reforma electoral —y el art. 35– como gestión del riesgo político ante la incertidumbre económica, la polarización nacional y la presión bilateral, parece responder al tablero moreno que ya presenta grietas importantes en su estructura y en la cadena de mando.

Por si fuera poco, el reciente informe sobre los índices inflacionarios hizo palidecer a más de uno y no pocos analistas advierten, de continuar esta tendencia, sobre una estanflación de la economía mexicana. Hecho sumamente peligroso porque se erosiona de manera simultánea la legitimidad económica y la capacidad de gobernabilidad. Y estos factores, en los meses por venir, son campos minados en un contexto geopolítico convulso e incierto en sus predicciones sobre los impactos globales y México no es ajeno a esos vaivenes.

Ahora bien, el riesgo combinado de una economía débil, un conflicto político y los problemas de seguridad ocurriendo en la misma línea de tiempo, es una amenaza sistémica de gobernabilidad. No es un problema aislado sino varios ya conectados que, además, se refuerzan entre sí enmarcados en la práctica demencial en esta administración de hacer titánicos esfuerzos para promover la inversión al mismo tiempo que se torpedea el Estado de derecho, alentando a la incertidumbre.

Esta convergencia de factores es el tipo de escenario que también influye en negociaciones externas como la revisión-negociación del T-MEC.

Pese a distractores y enfoques cortos de miras que limitan la capacidad de anticipación, todo está relacionado:

La interacción entre presiones externas, riesgos macroeconómicos internos y mecanismos de legitimidad política configuran un entorno estratégico donde el T-MEC, una estanflación, el circo en la esfera judicial y la manoseada reforma electoral, se vuelven variables interdependientes que podrían generar un entorno de negociación multidimensional.

En la presente coyuntura que vive México, ¿se podrían crear las condiciones para un quid pro quo en el juego estratégico complejo del T-MEC?

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