Filtraciones que matan

Marcela Gómez Zalce

Para eliminar la corrupción se requiere liderazgo no un gobierno lleno de rencores, odios y documentos con agenda política

El término corrupción es no sólo ambiguo sino expansivo. Está relacionado con la mentira, el abuso de poder o alguna falla de integridad. 

Todo ello ocasiona que el concepto sea muy poroso a la manipulación política. La corrupción es esencialmente una enfermedad moral y representa una disfunción severa institucional convirtiéndose en uno de los fenómenos que más impacto suscita en la opinión pública y que más información genera en la actualidad. 

Sobre todo en este gobierno donde se abandera una lucha sin precedentes contra el pasado neoliberal y corrupto detonador del voto de castigo que llevó a López Obrador a Palacio Nacional. 

Sin embargo, la vara con que se mide a la oposición nunca es la misma con la que se trata a los de casa no importando qué partido se encuentre en el poder. 

Los escándalos ventilados recientemente provocan la consecuente indignación de una ciudadanía que atraviesa una situación integral de deterioro en materia de salud, economía y seguridad detonada por una mal manejada pandemia de un virus subestimado hace meses por el Ejecutivo. 

Es indispensable el combate a la corrupción que tanto ha dañado la vida pública del país lo cuestionable es el timing de destapar una video-cloaca que invita a la especulación de motivos político-electorales que la búsqueda de la justicia y el agravio generado por la elevada percepción de impunidad. 

El videoescándalo de la danza de los dineros del PAN trae el déjâ vu de aquellos 28 videos ahumados de las ligas del PRD donde por cierto sólo se conocieron unos cuántos y el resto se asume está en el pecho de la bodega del poder. 

Ambos acontecimientos fueron utilizados por el gobierno en turno para denostar y exhibir la corrupción de los adversarios y uno de los problemas más significativos se encuentra relacionado con la falta de acuerdo sobre el concepto corrupción; este hecho se ha puesto de relieve en las últimas semanas a raíz del rol jugado por Emilio Lozoya y la trama de la extensa red de vínculos que trastocan personajes de pasadas administraciones y que muestra un tufo de componendas, beneficios y pactos tras las bambalinas de un desaseado proceso. 

La narrativa presidencial de insistir y presionar para ventilar el caso llevó al Jefe del Estado mexicano a dar a conocer en la mañanera un video de dudosa procedencia y meter en aprietos la autonomía del fiscal Gertz Manero justificando el espectáculo como un “asunto de Estado”. 

La encarnizada disputa por el 2021, que pasa por el encono dentro de Morena donde aún no hay consenso para la renovación de su dirigencia, no sólo es la polarización sino el atropello al Estado de derecho y la vulneración de la presunción de inocencia instigada por el Ejecutivo. 

López Obrador tiene razón en enarbolar el combate a la corrupción, el problema es la razón de fondo: El revanchismo, el rencor y la venganza política contra sus enemigos colocándolo en la misma ruta tomada por otros expresidentes. 

La reciente filtración de la denuncia completa de Lozoya merma el respeto al debido proceso y da argumentos a los señalados para ampararse. El salpicadero se provoca en medio de una crisis sanitaria que alcanza los 60 mil muertos, el colapso de la economía y el malestar social. Para sanear el sistema y eliminar el impacto de la corrupción en el país hace falta un plan de acción global. Para ello se requerirá liderazgo político e institucional decisivos, no un gobierno lleno de rencores, odios y documentos con clara agenda política. 

Twitter: @GomezZalce

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