El manotazo de 48 mil mdp

Marcela Gómez Zalce

Los regímenes democráticos aplican con más facilidad la distracción como forma de reparar los problemas sociales internos. Usualmente se considera, a decir de varios expertos, que atribuir el calificativo de populista a un determinado gobierno o a un líder político en particular, implica necesariamente asignarle una serie de características negativas asociadas al autoritarismo, a la irresponsabilidad en el manejo de la economía y en general al desconocimiento de las instituciones propias de la democracia liberal. Peculiaridades que encajan con harta facilidad en el marco de la 4T que en escasos 18 meses navega un peligroso oleaje sin brújula que no sea la dictada por su capitán del revanchismo quedando lejos el embuste de lo pasado, pasado.

La teoría de la guerra de distracción o del chivo expiatorio según sea el caso, pretende explicar una ofensiva como resultado de una crisis interna. México se encuentra sumido en la peor debacle económica de su historia moderna. Los problemas comenzaron con el inicio de la transformación y sus vaivenes contradictorios entre las palabras y los hechos originando en estos meses incertidumbre y el indiscutible logro de sacar al país del ranking mundial para la inversión. 

La llegada de la pandemia, crisis que ya está fuera de la agenda presidencial, y su errático manejo fue el disparador del anunciado colapso económico y social en medio de una severa crisis de inseguridad marcada ya por la artera ejecución de un juez federal exhibiendo los imperdonables fallos en los aparatos de inteligencia. 

El presidente enfrenta complejos escenarios sin acompañamiento alguno que no sea su instinto de sobrevivencia política y para ello juega con la simulación y la provocación desarrollando la narrativa que predica desde su púlpito mañanero.

Ahí, cómodo lanza sus dardos distractores en forma de BOAs, de interminables sermones, decálogos espirituales, ataques contra países justo el día en que México obtiene un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU, en fin, ahí se muestra el amplísimo catálogo de sus otros datos y el dedito acusador de la posverdad. 

Focalizado ya en el proceso electoral del 2021 y con un importante desgaste en su imagen, en parte quizá por la fiereza con que ha logrado domar el virus entre picos infinitos, mesetas y cordilleras de contagios, Morena anuncia en medio de su eterna crisis interna, a sus impolutos defensores. El PVEM y el PT inmaculados ya por la cuatroté y alejados de la politiquería

A sabiendas que el contexto electoral no luce fácil, en los jardines del palacio corre la versión que su inquilino está contrariado por la chunga política del BOA, la abierta confrontación con el sector empresarial, los desencuentros con varios gobernadores y el bloque opositor panista. De tal manera que el presidente adelanta el manotazo y anuncia la pirotecnia distractora; el fraude contra las denominadas factureras que se presume alcanza los 48 mmdp.

En la danza de las facturas falsas López Obrador exhibirá los excesos de los que considera sus enemigos y enviará mensaje a los que no están con su transformación y eso incluye a los bloques opositores que tanto le fastidian.

El resto no le quita el sueño y que su gobierno siga moviéndose por inercia, sin estrategia, a tropezones, desordenado, en medio de la mortal pandemia y con una ignorancia supina sobre la delincuencia que no distingue condición social. 

¿Se puede reconocer en esta posverdad contemporánea un nuevo régimen de mentiras? 
 

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