El laboratorio del Gas Bienestar

La apuesta es con tintes electorales e involucra una logística y operación de áreas estratégicas en Pemex

Nación 06/08/2021 03:34 Actualizada 03:35
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La argumentación de Maquiavelo en “El Príncipe” de que no hay nada más difícil de llevar a cabo, ni nada de más dudoso éxito, ni más difícil de conducir que iniciar un nuevo orden de cosas, cobra hoy gran relevancia. México vive tiempos de efervescencia. Bajo el paraguas de una transformación que a su atropellado paso arrasa sin matices en un contexto de una disputa por el poder que no reconoce límites, su ejercicio no ha encontrado los cauces institucionales idóneos para transformarse en eficacia gubernamental.  

En estos tres años sobran razones para explicar eso y el desdén por la legalidad; desde su abuso de manera cotidiana hasta la manera caprichosa en la que se aplica siempre sujeta a la (i)lógica testarudez del presidente López Obrador.

El golpe al corazón de ambos palacios por la derrota electoral en los pasados comicios desencadenó una furia latente contra la clase media y la larga lista de actores políticos, sociales y de medios de comunicación que a diario sufren todo tipo de embates.  

El saldo de la reciente contienda electoral resultó uno de los peores posibles en la Ciudad de México para Morena y puso en evidencia el abismo de incertidumbre y fracasos que ha construido la cuatroté en rubros sensibles —como los baches, por supuesto— para la sociedad. No sorprende que el Ejecutivo haya instruido que las políticas públicas y los programas sociales se concentren en el oriente capitalino donde el mapeo moreno concentra sus grupos clientelares.  

López Obrador está preparando el terreno para la elección de 2024. Distrayendo con una simulada baraja presidencial y pirotecnia barata, el tabasqueño sólo piensa en los comicios y en esa lógica está haber disminuido la edad en la pensión de adultos mayores (225 mil serán incorporados en la CDMX) y el audaz lanzamiento del Gas Bienestar.

La apuesta es con claros tintes electorales —al diablo la crisis sanitaria, el desabasto de medicamentos y la narcoviolencia— e involucra una logística y operación de áreas estratégicas en Pemex así como la Guardia Nacional y para variar, nuestras fuerzas armadas.  

Los últimos días han sido de desordenados torbellinos para cumplir con la instrucción presidencial de la foto de la entrega del primer cilindro con logotipo del Gobierno de México, el pantone moreno y la marca Bienestar. En la hoja de ruta de los intereses detrás de los precios del gas LP y su cadena de suministro se abrió otro frente que trastocará la esfera política-social.
 
Ante los amagos del paro para suministrar gas por los distribuidores, el Estado —“que no será rehén”— ahora sí mostró el músculo que no exhibe en (los abrazos) el combate contra las organizaciones delictivas que reparten despensas, humillan a nuestros soldados y gobiernan controlando territorios. Hay prioridades.

El programa piloto de repartir cilindros de Gas Bienestar comenzará en Iztapalapa y como la disputa por el poder es un componente inherente a la naturaleza humana, el intempestivo anuncio de fijar los topes en el precio, enfrentar los intereses detrás de este estratégico rubro y reforzar la base clientelar, es un laboratorio electoral. Y sin duda el talento detrás de esta genialidad habrá hecho la prospectiva (económica) estratégica necesaria para la planeación de escenarios y la gestión de riesgos que va de más decir, son varios.  

Y no sólo externos, sino internos. Sin embargo, la realidad, una vez más, se encargará de arruinar las expectativas de este precipitado, atropellado, desordenado e irreflexivo proyecto.

Por la mirilla

1. Brutal las cifras reales (y dirán “muy exageradas”) del Coneval: Crece la pobreza en México en 3.8 millones de 2018 a 2021. Un fracaso más en el CV de la cuatroté agudizado por la pésima estrategia sanitaria y económica para enfrentar los estragos del SARS-Cov-2 y sus variantes.

2. Richard Trumka, líder de la AFL-CIO, falleció dejando un legado a favor de los derechos de los trabajadores. Trumka y Pelosi fueron actores estratégicos para desatorar el rubro laboral para la firma del T-MEC.

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