El huevo de la serpiente morena

Marcela Gómez Zalce

En el batidillo del mandato se desencadenó una cruenta disputa que ha develado la fragilidad integral del partido en el poder

Ya no debe quedar duda alguna que una de las principales motivaciones políticas de la corriente radical del eje Palacio Nacional-Ciudad de México, y al interior de Morena, es dividir a la izquierda y desmarcarse de aquella arenga del entonces candidato López Obrador de abrir el espacio de su movimiento a todo aquél más allá de su pasado depravado a sumarse para salir airoso del proceso electoral, donde la ayuda de áreas estratégicas en la administración de Enrique Peña Nieto fue fundamental para que ello sucediera.

Hoy ante el desaseado proceso para elegir a su dirigencia, que deberá quedar resuelto en próximos días, ha quedado de manifiesto que no se tolerará el disenso interno o un pluralismo sustantivo. El desafío a la cultura autoritaria de toma de decisiones verticales al ritmo del tambor presidencial agravó el conflicto latente y exhibió la simulación y nula independencia del Tribunal Electoral.

El lamentable espectáculo alrededor del método para elegir al próximo líder de Morena fue impuesto por el Ejecutivo meses atrás pese a que la encuesta como tal no aparecía en los estatutos del partido y al diablo con la institución.

En el batidillo del mandato se enredaron los intereses desencadenando una cruenta disputa que ha develado la fragilidad integral del partido en el poder.

Los daños colaterales de esta batalla dejarán profundos agravios y abarcarán varias esferas del quehacer público. Ante el desastroso escenario del fracaso de la política morena, López Obrador tuvo que generar su distractor y empujar una consulta popular para seguir pateando el bote del pasado apostando a que ese tanque sea oxígeno para sus bases y un electorado atónito del desorden y de la violencia verbal que ha generado la disputa descarada por las candidaturas y las prerrogativas.

En el contexto del fin justifica los miedos, el baile lambiscón, en el fango del descrédito de una Corte que ha quedado corta de escrúpulos, cierra la pinza alrededor de las ocurrencias presidenciales. Si la pregunta de la consulta popular para enjuiciar a los expresidentes era constitucional para qué modificar la misma. Justificar lo injustificable acomodándose al régimen que los intimida asumiendo que esa sumisión estratégica puede salvarlos del látigo presidencial. Y en esa coyuntura el legislativo moreno y sus serviles satélites agachan la cabeza obedeciendo con su “lealtad a ciegas” al líder que todo lo sabe pretendiendo ignorar el costo de la desilusión colectiva del proyecto transformador. 

Y siendo discutible esta afirmación, ciertamente es una realidad que el acelerado declive de este gobierno está generando el surgimiento de distintos movimientos que serán epicentros de una desestabilidad y malestar social en pleno año electoral.

Todo en un contexto de una descomunal violencia, inseguridad, crisis económica y una emergencia sanitaria que está muy lejos de finalizar. Y la implosión de Morena podría ser el lado más débil de la cuerda 4T.

POR LA MIRILLA

Aludir a una manifestación —que parece hacerle harta gracia a la jefa de Gobierno— como “performance”, provocar y andar buscando pleito como lo hace con regularidad el presidente contra aquellos que disienten alimenta la creación de un enemigo como aglutinante. El discurso que mezcla venganza, odio y rencor y la promesa de orden, estabilidad y fuerza suena demasiado conocido. 

Aquella tolerancia y respeto parecen simulaciones del pasado y han dado paso al sarcasmo y la burla. No se olvide que la soberbia es mala compañera. 

Twitter: @GomezZalce

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