“No aceptamos presiones, no somos peleles de Estados Unidos”, sentenció hace unos días el presidente López Obrador ante el descomunal descalabro que ha sido la política migratoria en su administración.

Las imágenes de cientos de migrantes siendo cazados en la frontera sur han derrumbado nuevamente el discurso del gobierno “humanista”. La Guardia Nacional (GN) y el Instituto Nacional de Migración (INM) dieron una cátedra del desmedido uso de la fuerza con dolo, alevosía y ventaja. Migrantes humillados , golpeados , niños llorando y familias separadas fueron escenas que desmintieron la narrativa de aquel presidente electo que en el periodo de transición en el 2018 prometió a partir del 1 de diciembre visas de trabajo a todos los que quisieran ingresar al país. Vociferando atender el asunto con alternativas, con respeto a los derechos humanos y dar opciones en lugar de deportaciones y otras medidas de fuerza. Promesas, pues.

Casi tres años después esa maldita realidad le ha mostrado con hechos las consecuencias de la palabrería fácil, ligera e irresponsable.

México está en la disyuntiva que la cuatroté originó y buscó al abrir la frontera sur de manera desordenada, sin plan, nula estrategia, escenarios de prospectiva ni control alguno. La ignorancia en la falta de planeación estratégica en un asunto de seguridad nacional y bilateral mantiene una tensión permanente con Estados Unidos haya sido con el gobierno de Trump y actualmente con el de Joe Biden .

El fenómeno migratorio es un problema que se ha desbordado y que este gobierno no ha sabido enfrentar y cuya apuesta por la contención física sumará un fracaso más en el marco de una larga tragedia anunciada.

Justificarle a los migrantes que se les detiene porque se les quiere “cuidar” defendiendo la brutal actuación de los elementos de la GN y del INM raya en lo grotesco y muestra a un régimen que simula protección de los derechos humanos.

El sombrero de los alegatos presidenciales se vacía rápidamente. Ante cualquier tropiezo el Ejecutivo busca cada mañana distraer con pirotecnia, señalamientos y persecuciones políticas.

Sin embargo, el asunto migratorio fue uno de los temas abordados en la junta del Diálogo Económico de Alto Nivel (DEAN) en Washington. La política mexicana de abrazos para las organizaciones criminales y el caos por la incontrolable migración está impactando la imagen de la Casa Blanca sumando además, la genuina preocupación de una frontera porosa que podría invitar al terrorismo como una de las consecuencias de la desastrosa salida de los Estados Unidos en Afganistán .

La cuatroté erigida como el muro en una guerra contra los migrantes sin comprender que el fenómeno tiene sus causas y un origen en la causalidad económica que es la que en el fondo determina las condiciones sociales , limita o posibilita un escenario de buena o mala calidad de vida. Esto no se resolverá en el corto plazo ni con misivas de buena voluntad y López Obrador está obligado a encontrar una salida viable de su laberinto para las miles de personas en tránsito y varadas en territorio nacional.

Pretender repartir culpas y responsabilidades cuando el origen de la actual crisis fue la errática implementación de su política, es aspirar a un juego de suma cero.

Empero la realpolitik asomará su rostro y la presión internacional apretará la soga en el cuello de este gobierno y su guerra contra miles de personas que, de paso, enfrentan la corrupción en las filas del INM, la GN, autoridades municipales y estatales y sus complicidades con la delincuencia organizada .

Peor, imposible.

Por la mirilla

Para este gobierno y López Gatell que se tropieza con sus mentiras y la vacunación , los niños con comorbilidades no son su prioridad. Miserables.

Otro reparto de culpas ante la tragedia en el hospital del IMSS en Tula. Información confusa entre tanto florero en el gobierno y eso de que “nadie” avisó de la tromba. Y en medio, 14 muertos.

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