Instrumento útil para ofrecer idea del estado de la inseguridad en México, son las encuestas o estudios de opinión. Si bien en muchas ocasiones estas herramientas sólo brindan información de una muestra poblacional, su interpretación correcta ayuda a darnos el panorama de la inseguridad que nos afecta a todos.
La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre la Seguridad Pública (ENVIPE), publicada por el INEGI en septiembre de 2025, es un buen instrumento para comprender la realidad delictiva de nuestro país. Se trata de un ejercicio anual que mide la percepción sobre la delincuencia en función del sentimiento de la gente, cuya apreciación difiere mucho entre su sentir y las cifras que reportan las instituciones estatales y federales.
Los resultados generales de la encuesta revelan un panorama complejo: el repunte estadísticamente significativo de la victimización, la persistente crisis de confianza hacia las autoridades competentes, así como un alto costo económico para los hogares mexicanos.
Hallazgo interesante también es el incremento en la prevalencia delictiva. Se estima que, durante el año 2024, más de 23.1 millones de personas fueron víctimas de algún delito, situación que representa una tasa de 24 mil 135 víctimas por cada 100 mil habitantes.
En los hogares mexicanos la afectación es palpable, toda vez que en el 29 por ciento de estos hubo al menos una víctima del delito. Las amenazas que más golpean a la ciudadanía siguen siendo aquellas que afectan el patrimonio y la tranquilidad diaria de las familias: fraudes, asaltos en la calle o en el transporte público y la extorsión.
Los resultados también confirman que el Estado de México, la Ciudad de México, Tamaulipas, Sinaloa y Michoacán presentan las tasas más altas de prevalencia delictiva. En cuanto a la cifra negra, la encuesta reveló que, en el 2024, el 93.2 por ciento de los delitos no se denunciaron o derivaron en una carpeta de investigación. Esta cifra se mantiene prácticamente estática respecto a los años anteriores, queriendo decir que la denuncia delictiva sólo se da en el 7 por ciento de los delitos perpetrados, quedando impunes por razones obvias, el 93 por ciento restante.
Las razones para no denunciar son reveladoras y condenatorias para la burocracia. El 34.6 por ciento de las víctimas no lo hizo por considerarlo una pérdida de tiempo; el 14 por ciento por desconfianza en la autoridad o miedo a las represalias; el 10 por ciento se debió a los trámites largos y difíciles; y el 41.4 por ciento restante aceptaron no denunciar por otras causas: miedo al agresor o por considerar al delito como una acción de menor importancia. Esto sugiere que el ciudadano promedio no percibe al sistema penal como una solución y, en consecuencia, lo ve como una pérdida de tiempo en la acción judicial, esto es, como un obstáculo adicional a su victimización.
La ENVIPE ponderó la percepción de inseguridad y los comportamientos de las personas en lo que se traduce como miedo. Para el periodo de marzo-abril de 2025, el 75.6 por ciento de la población consideró que vivir en su estado era inseguro, mientras que el 64.7 por ciento sintió de igual manera su municipio o alcaldía.
Este temor tiene consecuencias tangibles en la libertad y nuestro estilo de vida. La inseguridad ha obligado a la población a modificar sus hábitos y rutinas. El 62.6 por ciento de los encuestados dudaron en permitir que sus hijos menores salieran solos y el 46.4 por ciento evitaron que ellos salieran de noche. Estas cifras reflejan una sociedad que se repliega y cede el espacio público ante la amenaza de la delincuencia.
En cuanto a la percepción que se tiene de las instituciones del orden, existe una mayor confianza en aquellas que emanan de las fuerzas federales, la Marina y el Ejército. En contraste, las policías de los estados y municipios, por lo regular, ofrecen una percepción de menos eficiencia y mayores índices de corrupción; por ende, se identifican como un eslabón de debilidad en la cadena de seguridad pública.
A manera de conclusión, la ENVIPE 2025 ofrece un diagnóstico general pero contundente. La estrategia de seguridad, consideramos, no está funcionando adecuadamente y el aumento en la victimización y la inamovible cifra negra (porcentaje de delitos no denunciados), demuestran que la política pública al respecto no goza de su mejor desempeño.
Tampoco hemos observado una recuperación de la confianza ciudadana en el sistema de justicia local, y por ello, es tan importante instaurar estrategias de cercanía de las policías con la ciudadanía. Hemos ejemplificado que el mejor método hasta ahora, aunque ha sido abandonado, es la estrategia de Cuadrantes de la Ciudad de México, con la cual se logró fortalecer el vínculo policía-ciudadano, ciudadano-policía, pero este es un tema que abordaremos ulteriormente.
Hace solo muy pocos días la seguridad en México dio un gran paso adelante al detener y privar de la vida a Nemesio Oseguera, alias “El Mencho”, cuyas acciones delictivas se habían ubicado en casi todos los continentes del planeta. No puedo ni debo dejar de mencionar este trascendente hecho que descorre los cerrojos de la inseguridad permitiendo la posible tendencia a su corrección. En tanto, no olvidemos el obligado desmantelamiento, en todos los órdenes, del considerado —quizá— el cártel de mayor influencia maligna en el mundo.
¡Vaya nuestro reconocimiento y felicitación a las fuerzas armadas de México!
Excomisionado Nacional de Seguridad, exsecretario de Seguridad Pública en la Ciudad de México y excomisionado nacional contra las Adicciones

