Si conduces en la Ciudad de México, es probable que estés familiarizado con ese golpe inesperado que llega sin previo aviso. No siempre se trata de un tope; en muchas ocasiones, es un bache que aparece tras las lluvias o como consecuencia de una obra mal concluida. El problema no termina en el susto inicial: la reparación de estos daños puede ascender a miles de pesos.
En la práctica, esto representa un peligro significativo para la seguridad vial, ya que los baches pueden ocasionar accidentes graves, ponchaduras de llantas, rines doblados, daños en la suspensión y la dirección de los vehículos. Aunque los tipos de desperfectos pueden variar, la situación se repite con alarmante frecuencia en nuestras calles.
Los baches parecen multiplicarse a lo largo y ancho de la geografía urbana y rural de México, convirtiéndose en una auténtica pesadilla para los automovilistas, especialmente durante la temporada de lluvias. Calles, avenidas y carreteras se ven afectadas por hoyos que no solo dañan los vehículos, sino que también impactan directamente la economía de los conductores y el presupuesto público destinado a reparaciones de emergencia.
Es fundamental comprender las causas de la formación de baches:
Tráfico intenso, con más de 120 millones de habitantes y una alta concentración vehicular, las calles mexicanas están sometidas a un uso constante que acelera su deterioro.
Calidad de los materiales, muchas vías se construyen con materiales de baja calidad o estos son aplicados de manera incorrecta, lo que reduce su vida útil.
Falta de mantenimiento, en lugar de implementar medidas preventivas, como el sellado de grietas o renovaciones periódicas, muchas autoridades esperan a que los baches se formen para actuar.
Los baches en la Ciudad de México son una de las principales quejas de automovilistas y peatones, ya que afectan la movilidad de autos, ciclistas, usuarios del transporte público y prácticamente cualquier persona que transite por las calles de esta urbe.
De acuerdo con datos de la Secretaría de Obras y Servicios, entre noviembre de 2024 y febrero de 2025, el gobierno federal destinó 4 mil millones de pesos para reparar 44 mil 574 kilómetros de carreteras federales en los 32 estados del país. En la Ciudad de México, el programa local atendió 2 mil 226 baches en las 16 alcaldías desde el 16 de octubre. Según el informe del Gobierno de la Ciudad, se han aplicado 250 mil toneladas de asfalto, con una inversión de 700 millones de pesos. Sin embargo, además de la insuficiencia observada en la aplicación de esta tentativa, el “bacheo” es solo una solución si acaso temporal y no se ha visto una repavimentación adecuada, completa, y con los materiales idóneos.
Enrique Elizalde Romero, jefe del Laboratorio de Geotecnia en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha explicado que en nuestra ciudad, “el pavimento asfáltico se envejece rápidamente, formando microfisuras que con el tiempo aumentan de tamaño. Estas grietas permiten que el agua de lluvia penetre hasta las capas inferiores, debilitando la base del pavimento y causando el colapso de la superficie”. Precisa que el origen de muchos baches se debe a que, en primera instancia, no se compacta adecuadamente la terracería. “Cuando la base no está bien compactada, el agua se filtra y debilita el suelo, causando que el asfalto se fracture al paso de los vehículos”. Sin duda, una de las principales fallas en la pavimentación es la falta de supervisión y control en la compactación inicial, situación que deriva en una estructura menos resistente.
A pesar de los programas de bacheo que realiza el gobierno, la cantidad de hoyos en calles y avenidas sigue siendo muy alta, afectando la seguridad vial y generando elevados costos e índices de corrupción.
En esta ciudad, donde las precipitaciones intensas son frecuentes, el agua no solo penetra las microfisuras, sino que también arrastra hidrocarburos y otras sustancias que disuelven la mezcla asfáltica. “Los hidrocarburos, la gasolina y el diésel son los principales disolventes del asfalto, acelerando su degradación”, señala Enrique Elizalde.
El tránsito vehicular también es un factor determinante. En vialidades con alto flujo, el peso constante de vehículos pesados ejerce presión sobre el pavimento, incrementando la fracturación. La falta de mantenimiento adecuado y la calidad irregular de los materiales son factores que se agravan cuando los gobiernos buscan soluciones rápidas. “La reparación de un bache implica un proceso cuidadoso, pero muchas veces se hace de manera apresurada y sin los materiales adecuados, lo cual convierte este intento en una medida temporal”.
Según datos de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) de octubre de 2024, en la Ciudad de México hay más de 33 mil baches. Y hay que decirlo, ninguna de las 16 alcaldías se salva.
Aun cuando la jefa de Gobierno anunció que se pavimentarían entre 2025 y ahora 2026 un total de 250 kilómetros, con una inversión de 2 mil 250 millones de pesos, exhortamos a los jefes de Alcaldías: actúen en apoyo al programa, en supervisar los procesos y en exigencia severa a la falta de cumplimiento de estos compromisos, que habían de darse no sólo durante un año, sino en el curso del 2026, porque 2025 contempló una falta de acción preocupante, con la molestia correspondiente de todos los ciudadanos que aquí circulamos.
Excomisionado Nacional de Seguridad, exsecretario de Seguridad Pública en la Ciudad de México y excomisionado nacional contra las Adicciones.

