Al cursar hoy la octava década de mi vida, evoco imágenes sobre el espacio social que observaba desde mi niñez con relación al consumo de tabaco. Como percibí, alrededor de la parafernalia del cigarro se daban expresiones que impulsaron desde entonces cierto arraigo en la cultura y aceptación social. A manera de ilustración, en el cinematógrafo los actores renombrados y las actrices de enigmática belleza aparecían fumando tan pronto se desarrollaba la película. Ante tal impacto, ¡cuán importante resultaba emular poses y utensilios de los que echaban mano divos y divas!

En diarios y revistas de circulación nacional e internacional aparecían sin recato los anuncios impresos de marcas vigentes de cigarros y habanos. El diseño publicitario era de gran atractivo e incluso se llegaba al extremo de otorgar al tabaco mismo, propiedades benéficas para la salud y, qué se yo, en pro del “sex appeal de ellos y ellas”. Se fumaba prácticamente en cualquier lugar, incluyendo sin duda, los espacios cerrados y sin hipérbole o exageración de por medio, hasta en el interior de los aviones durante los vuelos comerciales.

Mi hogar en la infancia y adolescencia no se abstrajo de esta realidad. Tanto mi madre como su grupo de amigas, afectas a la conversación y al entretenimiento brindado por algunos juegos de mesa, fumaban en tal magnitud que la habitación de referencia semejaba a veces la escena de un pretendido incendio. Se jugaba uno la respiración entre humo y más humo.

Ya como pasante de la carrera profesional de Medicina en la UNAM y habiendo cursado las asignaturas alusivas al aparato respiratorio, en muy pocas ocasiones escuché disertación acerca de los problemas propios de la adicción al tabaco y su patología asociada. Por cierto, en México era escasa la difusión sobre el ejercicio aeróbico y sus beneficios para la salud pulmonar o la mitigación de los efectos nocivos acarreados por fumar o inhalar humo de cigarro.

Fue el doctor Kenneth H. Cooper, médico de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, quien animó al mundo a realizar ejercicios respiratorios y eliminar la adicción al tabaco. Introdujo rutinas deportivas para entrenar el corazón y los pulmones, lo que hoy afortunadamente se lleva a cabo bajo mil y una modalidades. Su libro Aerobics condujo y orientó el entrenamiento gimnástico perdurando sus principios esenciales por más de cinco décadas.

Ya dentro del terreno del combate a las adicciones, el que en mi caso se acentuó por la práctica cuasi profesional en algunas disciplinas deportivas, y a través de la dirección de instituciones públicas correlacionadas con el tema, establecí la separación clara entre las sustancias de curso legal para su comercialización y uso, distinguiéndolas de aquellas de manejo ilegal y contempladas en el amplio campo del narcotráfico. En este contexto, trazamos los caminos más descriptivos y acciones precisas para su abatimiento. Facultado por el cargo como servidor público, titular de la Secretaría de Salud y la Secretaría de Seguridad de la Ciudad de México, aplicamos el programa Conduce Sin Alcohol, denominado coloquialmente como Alcoholímetro. En todo momento, se contó con el patrocinio y apoyo de quien fuera brillante Jefe de Gobierno, el Lic. Marcelo Ebrard Casaubón, hoy Canciller de la República Mexicana.

Ejerciendo mi responsabilidad al frente de los Servicios de Salud de la capital del país, se puso en operación el programa de Espacios 100% Libres de Humo de Tabaco. Analizamos los resultados de estudios publicados en la literatura especializada de alto impacto científico internacional y nacional, encontrando que los hallazgos y recomendaciones prácticamente no habían derivado en actuación formal alguna. No obstante, las primeras acciones aplicadas en nuestro caso permitieron alejar a las personas de los lugares donde por gusto o sin él, inhalaban compuestos residuales. El reto para reducir el efecto perjudicial ya descrito en términos altamente patológicos, resultó también un maravilloso argumento para la protección de estos fumadores pasivos.

El programa de Espacios 100% Libres de Humo de Tabaco procuró incidir en el mayor número de sitios posibles. La iniciativa se fortaleció con el respaldo institucional y jurídico del Gobierno Federal y todo ello quedó plasmado en la Ley General para Control del Tabaco (DOF, 30 de mayo de 2008). Desde luego, debo subrayar el aval otorgado por diversas organizaciones civiles para extender nuestra convocatoria a propietarios de restaurantes, bares, discotecas y decenas de locales destinados a la reunión y convivencia social. Recordemos cuán intensa era la preocupación de los empresarios ante la inversión a que hubiera lugar toda vez que sería necesario crear o adecuar secciones dedicadas al fumador. A pesar de las inquietudes, se logró allegar su participación.

¿Qué hemos logrado como sociedad? ¿Hacia dónde procuramos dirigir el reto? De acuerdo con el Inegi ya se reconocen varias decenas de miles de espacios 100% libres de humo de tabaco, entre ellos instalaciones gubernamentales, ámbitos académicos, universidades públicas y privadas. Empero, el desafío está lejos de haber sido superado. Ya hemos despertado y ahora el compromiso trasciende desde lo macro hacia lo cotidiano. No podemos desapercibir que nos enfrentamos quizá a la adicción más severa, intensa y fácil de adquirir, cuyo impacto en la salud, la economía y el ambiente aparece frente a nosotros. La batalla se debe librar con toda nuestra fuerza y empeño, sin desfallecer ante las dificultades.

Aún cuando se trata de la salud de México, principalmente aquella cuya responsabilidad radica en establecer programas y procesos precisos, así como llevar a cabo acciones directas e indirectas para el logro de estos propósitos; todos sin excepción, cualquiera que sea nuestro marco de obligaciones, derechos y vertiente de actividad desarrollada, debemos cerrar filas para que prevalezcan el mensaje y las medidas que, en consecuencia a este problema, sostienen por esta causa la condición del sector en términos de tan alta preocupación.

Recordar el tema pareciera superfluo. Quizá creemos que ya ha sido suficientemente considerado en nuestra vida cotidiana, tanto en el capítulo de la información como en términos de prevención y erradicación. Pero cuán lejos estamos de la realidad: la velocidad de la adicción supera cualquier acción que, ya reconocida, ha de meditarse y ser aplicada cada día con nuevos bríos. Esto es dable y obligado de hacer a diario en forma denodada; convirtiendo este trabajo en una exigencia individual y colectiva de la mayor importancia, sea cual sea nuestra trinchera.

Excomisionado nacional de seguridad y excomisionado nacional contra las adicciones

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