Entendemos como acoso escolar a cualquier forma de maltrato u hostigamiento físico, verbal o psicológico que se produce de manera reiterada entre niños y jóvenes en edad escolar a lo largo del tiempo en la escuela. Este fenómeno, también conocido como hostigamiento o bullying, es un tipo de violencia emocional que ocurre en los centros educativos en sus diferentes espacios.
Representa una forma de tortura sistemática y continuada en la que el agresor somete a su víctima mediante agresiones físicas, verbales, tortura psicológica, intimidación y aislamiento, con el objetivo de minar su confianza y destruir su imagen frente a sus compañeros.
En este sentido, el agresor es observado como más fuerte que la víctima, y esta se siente inferior y vive con miedo o angustia en la escuela. Se diferencian de otros comportamientos porque son intencionales, se ejecutan de forma frecuente hacia la misma persona y siempre existe una diferencia en la fuerza física, la edad, la influencia del grupo y el estatus económico entre quien ejerce el acoso y quien lo padece.
Es importante visibilizar este problema y actuar de manera conjunta para erradicarlo y promover un ambiente seguro y respetuoso.
La UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) refiere que ver sufrir el dolor físico y emocional del acoso o el ciberacoso, es desolador. Muchos maestros y padres no saben por dónde empezar para proteger a los niños, niñas y jóvenes de estas situaciones de violencia. Hay quienes se preguntan si son víctimas, testigos o incluso perpetradores de estos comportamientos dañinos.
El acoso no es un incidente aislado, sino un patrón de comportamiento. Los que acosan a otros a menudo ocupan un estatus social más alto o tienen una posición de poder; esto incluye a aquellos que son más grandes, fuertes o considerados “populares”.
Las niñas y niños más vulnerables, y que enfrentan un mayor riesgo de ser víctimas de acoso, son aquellos de comunidades marginadas, de familias con bajos recursos, así como aquellos con identidad de género diversa, discapacidades, o que son migrantes o refugiados.
El ciberacoso, en particular, ocurre a través de redes sociales, mensajes de texto, mensajería instantánea, correo electrónico u otras plataformas utilizadas por los jóvenes. Los padres no siempre están al tanto de las actividades de sus hijos en estos sitios, por tanto, puede resultar difícil identificar cuándo el niño está enfrentando el problema.
Además de los efectos físicos, puede provocar problemas emocionales y de salud mental, como depresión o ansiedad, que derivan en uso y abuso de sustancias nocivas o en un rendimiento académico deficiente.
Es fundamental reconocer que todos los niños, niñas y adolescentes deben vivir en un entorno escolar seguro y enriquecedor que respete su dignidad. La Convención sobre los Derechos del Niño subraya que todos los menores tienen derecho a la educación y a estar protegidos contra todas las formas de violencia.
Tenemos que familiarizarnos con las plataformas que utilizan los menores de edad. Explicarles cómo está conectado el internet y el mundo real, y advertirles sobre los distintos peligros a los que se enfrentan en la red. Es necesario ayudar a nuestras niñas, niños y jóvenes a ganar confianza en sí mismos, y a formar un grupo de amigos con intereses comunes.
En el caso de los acosadores, es importante recordar que pueden estar tratando de exteriorizar algo. Muchas veces, los que perpetran el acoso buscan integrarse, necesitan atención o simplemente están lidiando con emociones que no saben manejar y, a su vez, pueden ser víctimas o testigos de la violencia en sus hogares.
Las instituciones escolares a menudo se muestran desconcertadas ante estos procesos sociales. En ocasiones las dependencias parecen sorprendidas; en otras su actuar es frívolo o superficial y muchas veces son ciegas a lo que hacen los docentes, estudiantes y personal en general, que llevan a un estado de complicidad.
Un buen ejemplo de lo anterior lo observamos en el acoso y abuso sexual en las escuelas; el consumo y la venta de drogas en las áreas cercanas a los sitios de estudio; desapariciones de niñas y adolescentes.
En un contexto alarmante de violencia escolar, los reportes en México han informado un aumento del 205% en 2024, en comparación con el año 2019, según datos proporcionados por el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México.
Las autoridades indican que la secundaria es el nivel educativo donde ocurre el 45% de los casos de acoso escolar, seguida de la primaria con un 27%. Los niveles de educación superior (preparatoria y universidad) representan el 17% de los casos.
Las formas de agresión más reportadas en 2024 han sido: violencia física (29%), violencia verbal (26%), violencia psicológica (14%), acoso sexual (12%) y exclusión social (6%). La violencia en línea se ha convertido en un desafío creciente para las autoridades y padres de familia, ya que muchas veces ocurre fuera del ámbito escolar, pero afecta profundamente a las víctimas. El acoso a través de redes sociales impacta al 11% de los niños, niñas y adolescentes.
La Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF) alertó que, solo en el cierre del ciclo escolar 2023-2024, se identificaron 20 suicidios vinculados con el fenómeno del acoso escolar.
La evidencia de la creciente problemática del bullying afecta a más de tres millones de niños y adolescentes en México, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
De acuerdo con el informe del 2024 de la organización “Bullying sin Fronteras”, México ocupa el primer lugar mundial en casos de acoso escolar, con 270 mil reportes, superando a países como Estados Unidos, España, Brasil y Argentina.
Hacemos un llamado a los padres de familia y a los maestros. A todos esos núcleos que tienen la gran responsabilidad, primero de reconocer las emociones, y después de guiarlas y atemperarlas. Este llamado va también para la Secretaría de Educación Pública, a los maestros, y sin duda, a las familias mexicanas.
No deseamos muertes ni suicidios debido al Bullying recibido. No aceptamos lágrimas ni arrepentimientos después de ocurridas las tragedias.
Ex Comisionado Nacional de Seguridad y ex Comisionado Nacional Contra las Adicciones

