Sé poco o nada sobre fuerzas armadas, mi único acercamiento con un sistema militarizado fue en el año 2010 cuando mi hijo Santiago ingresó a la New Mexico Military Institute en Roswell, Nuevo México, USA.

Recuerdo haber recorrido las instalaciones del campus y tenía tres avenidas interiores cuyos nombres eran Honor (honor), Duty (deber) y Achievement (logro). Supongo que estos son valores sobre los que se sostiene el trabajo militar.

La noche previa al ingreso, invité a cenar a mi hijo junto con un amigo que también debutaba en la escuela preparatoria y les dije: “¿Quieren que les vaya bien en el sistema militar?” “Sí”, respondieron simultáneamente ambos. “¡Bien, no piensen, obedezcan!”, les recomendé. Me queda claro que otro gran principio de la milicia es la obediencia estricta a la cadena de mando.

Las preguntas que debemos hacernos los mexicanos son ¿las fuerzas armadas de nuestro país se han comportado históricamente con honor y con apego al deber? o ¿han tenido desviaciones importantes en corrupción, violación a la legalidad y a los derechos humanos? ¿Están las fuerzas armadas infiltradas por el crimen organizado?

La realidad es que, al margen de las preguntas anteriores, los altos mandos militares están acostumbrados a mandar y no a rendir cuentas. La Sedena es un Estado dentro del Estado mexicano, y nadie se mete con ellos, creo que hasta les temen, pero se disfraza de respeto y reconocimiento.

Lord Acton, historiador británico, tiene una frase célebre conocida como dictum de Acton que dice: el poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente.

Las fuerzas armadas mexicanas se componen de 5 sistemas, el educativo, el de adiestramiento, el logístico, el de inteligencia y el de la salud militar. En el 109 aniversario de la Revolución Mexicana escuchamos al titular de la Sedena, general Luis Cresencio Sandoval González, señalar que los militares “no buscamos beneficios personales, ni protagonismos, lo hacemos por el bien de México”. Nos refiere el General Secretario que lo hacen por lealtad, profesionalismo y honestidad; honestidad al servicio de la nación y leales al presidente y a pueblo de México. Y ahora en el 110 aniversario, el Gral. Sandoval fue claro, los militares sirven con honor y lealtad a la patria, “el camino que se recorre en la carrera militar es recto y no admite desviaciones de ningún tipo”. Enfatizando que “nuestra prioridad es México”.

“El instituto armado jamás ha buscado ni buscará protagonismos porque nuestra esencia es servir a la patria. Es evidente que no anhelamos ningún poder”, concluyó el General.

Si queremos que nuestras fuerzas armadas no se corrompan debemos pagarles muy bien a sus mandos intermedios y altos. Toda paga debe ser vía el haber y eliminar el concepto del “sobre haber” que solo busca que ese ingreso no genere cargas de prestaciones sociales entre ellas la pensión del retiro. Si no se garantiza una pensión adecuada a los militares, ellos la buscaran por otra vía y en su trabajo hay muchas tentaciones.

También deberá transparentarse y auditarse las compras y el ejercicio presupuestal de los militares sin caer en la opacidad disfrazada de seguridad nacional. Igualmente, si hay desviaciones deberán ser sancionadas implacablemente.

El General secretario lo dijo el 20 de noviembre: el compromiso de seguir cumpliendo nuestras funciones con apego a la legalidad, transparencia, rendición de cuentas y respeto a los derechos humanos.

Habrá que tomarle la palabra.

Ingeniero industrial y empresario

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