Burocracia del ISSSTE pone en riesgo a pacientes de Covid19

Maite Azuela

Hay una brutal ineficiencia con la que están diseñados los servicios de ventanilla y la atención de pacientes

Un funcionario público de la Fiscalía General de la República, de quien reservo el nombre porque teme represalias tras esta denuncia, empezó con síntomas el primer fin de semana del año, con prueba rápida negativa, acudió al médico particular, quien le diagnosticó faringitis y bronquitis.

Como debía hacerlo para justificar los días de reposo, envió su receta al área de recursos humanos en la FGR, le pidieron hacer una prueba PCR. Después de cuatro horas formado en un laboratorio del Chopo, le dieron el resultado positivo. En la FGR, le pidieron acudir al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, ISSSTE, por su incapacidad, hizo la cita vía electrónica, la cual no validaron, aun siendo positivo a Covid19. Con obesidad e hipertensión, le obligaron a abandonar la cuarentena, exponer su salud y presentarse a la clínica del ISSSTE de Cuitláhuac, que le correspondía. Con ello no solo pusieron en riesgo su salud, sino la de todos aquellos con quienes compartió transporte y los espacios de espera en la clínica. 

Para tener ficha de cita se presentó desde las cinco de la mañana y esperó hasta las diez de la mañana. Una vez que logró ser recibido por la doctora para que le entregara la incapacidad, le solicitaron no solo la prueba positiva, el último talón de pago y una identificación oficial, sino también las recetas médicas originales (aun cuando les explicó que al comprar el medicamento la farmacia las retuvo), el recibo de honorarios y un informe médico, a pesar de que no solicitó ningún reembolso. Como obviamente no llevaba dichos documentos, le indicaron que debía regresar al otro día a las cuatro de la mañana a pedir ficha y luego volverse a formar para la incapacidad. Esos requerimientos no están en ningún sitio oficial, ni expuestos en los muros en donde se hacen las eternas filas. El personal espera hasta que los pacientes llegan a ventanilla para informarle la montaña de documentos que deben integrar. La incapacidad la dan sólo por 7 días a pesar de que es recomendable una cuarentena de al menos 10 días después de presentar síntomas o contar con prueba negativa. Tras haberse expuesto para realizar los trámites, la oxigenación del funcionario de la FGR empeoró, al grado de requerir apoyo de oxígeno, que decidió obtener con sus propios recursos. Como él hubo cientos formados en la fila, con síntomas y comorbilidades evidentes. 
Como si no fuera suficiente dar positivo a Covid19 con síntomas y antecedentes amenazantes, cientos de funcionarios públicos enfrentan las conocidas carencias del sistema de salud y son víctimas de procesos burocráticos que podrían incluso resultar violatorios de derechos humanos. 
Es bien conocido ya el desabasto de medicinas, la falta de personal médico especializado, la insuficiencia de herramientas e infraestructura para atender alta demanda de pacientes contagiados y con riesgos, pero todo eso se convierte en una tortura si le añadimos la brutal ineficiencia con la que están diseñados los servicios de ventanilla y la atención de pacientes. 

La delgada línea entre cumplir protocolos y maltratar a los derechohabientes se ha hecho evidente con las presiones que ocasiona la pandemia. Es un hecho que los servicios de salud están saturados desde hace dos años por la pandemia de Covid-19, sin embargo, eso no les exime de responsabilidad ante la falta de coordinación y de conciencia. El aprendizaje obtenido con este largo periodo, a estas alturas, podría haberse transformado en la eliminación de procesos inútiles y la disponibilidad eficiente para dar acompañamiento a los pacientes. 
 

@MaiteAzuela

 

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