El jueves pasado, durante la mañanera del pueblo, la futbolista Charlyn Corral —sin ningún tipo de guion— tomó la palabra para contar un pedacito de su historia. Emotiva y sincera, evidenció algunas verdades sobre las dificultades que enfrentamos las mujeres en casi cualquier campo profesional y de la vida.
La discriminación, la desigualdad, los miedos, las dobles jornadas, pero también el apoyo de los padres, el esfuerzo propio (¡ocho mil 600 dominadas! antes de dormir) y el cambio social y cultural han dado como resultado una profesional mundialmente competitiva, hechura de sí misma.
Su historia ejemplar ya no es extraña, sino cada vez más común en casi todos los sectores: científicas, médicas, directivas, legisladoras y presidentas de la República.
En México, el triunfo de la doctora Claudia Sheinbaum es, en sí mismo, un hito en un proceso histórico que está cambiando sustancialmente nuestra vida. Un hecho profundamente simbólico para millones de niñas y mujeres que ven, por primera vez, una mujer encabezando el Poder Ejecutivo y Comandanta Suprema de nuestras Fuerzas Armadas.
El 8 de marzo no es un día para celebrar y autocomplacerse, sino para recordar la agenda pendiente, lo que hace falta, la inequidad que todavía nos toca remover y combatir.
Aún hoy millones de mujeres que no pueden incorporarse al mercado laboral porque siguen siendo las únicas responsables de las labores de cuidado en sus hogares y esa es, quizás, la principal brecha de desigualdad. Por ejemplo, el INEGI estima que en México hay 31.7 millones de personas cuidadoras, de las cuales 75% son mujeres.
Todavía muchas mujeres sólo se dedican a labores del hogar no remuneradas o han dejado sus trabajos por razones de cuidado. Se trata de un problema histórico que la Presidenta está enfrentando y por lo cual incluyó la creación del Sistema Nacional de Cuidados entre sus 100 compromisos de gobierno.
Ya se han dado pasos concretos. El presupuesto federal en 2026 incluyó por primera vez el Anexo 31, cuyo objetivo es consolidar una sociedad de cuidados a través de la articulación de 49 programas que suman 466 millones de pesos. La meta es ambiciosa: incorporar a 2.6 millones de mujeres al mercado laboral al final del sexenio.
El sector energético no es ajeno ni neutro a esta agenda. En comunidades pobres, que aún usan cocinas contaminantes, la carga de tiempo y los riesgos a la salud recaen de manera desproporcionada en mujeres y niñas. De ahí que la presidenta impulse el Programa de Estufas Eficientes.
A su vez, la Agencia Internacional de Energía Renovable señala que la transición energética está abriendo más espacios para las mujeres, comparado con el sector hidrocarburos: en 2025 las mujeres representaron 30% de la fuerza laboral en energías renovables a nivel mundial frente al 22% en petróleo y gas. Si México acelera este proceso, para 2030 esta participación rozaría el 40%.
Cuando la Presidenta dice que con ella llegamos todas, nos recuerda algo fundamental: ningún avance de las mujeres es un logro individual, sino el resultado de generaciones de mujeres que lucharon, resistieron y abrieron camino, muchas veces en silencio y sin reconocimiento.
Por eso, mirar y honrar su historia no es solo un acto de memoria, es también un compromiso para seguir trabajando a diario en todos los aspectos por ampliar y garantizar nuestros derechos.
Titular de la Secretaría de Energía
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