En los pasillos del Centro de Tenis de Delray Beach, donde se celebra el tradicional torneo anual ATP 250, un certamen que ha proyectado a muchos jóvenes al estrellato, surgió en la conversación —con exjugadores y un par de entrenadores— lo complicado que es llegar a ser un destacado deportista de alto rendimiento, dada la alta competitividad, los costos de entrenamiento, lo difícil que es participar en torneos, los pesados viajes, los diversos desencantos y retrasos por lesiones, agotamiento físico, presión de padres y medios de comunicación, disminución de motivación, depresiones e insatisfacción emocional que los atletas sufren durante su carrera.

Los deportistas en los Juegos Olímpicos de Invierno han sufrido golpes muy severos cuando no se triunfa, pues su motivación es ganar una medalla, ya que se celebran cada cuatro años.

Un ejemplo claro y últimamente mediático es el tenis, ya que jugadores talentosos no alcanzan a entrar directo a los cuadros importantes, teniendo el sueño de clasificar, ganar un par de rondas y obtener puntos para mejorar su ranking, pero lo más importante es adjudicarse unos cuantos dólares que los mantengan con el sueño de cubrir sus gastos, para poder realmente vivir de sus logros económicos.

Juan Martín del Potro, excampeón del US Open, comentó que todos los jugadores que están lejos de los mejores clasificados luchan por sobrevivir y necesitan ganar para comer y tener el suficiente dinero para ir a otro torneo y continuar con el sueño que cada vez se va convirtiendo en pesadilla o desencanto.

Los padres se convierten en patrocinadores, pues comparten el sueño de sus hijos, así como sus fracasos, colocando aún mayor presión al deportista. Por otro lado, las pocas firmas que patrocinan a estos jóvenes, al ver que no prosperan, se hacen a un lado.

Esto sucede en hombres y mujeres, pero los varones —de alguna manera— soportan más esta pesadilla de no clasificar, de no poderse colocar entre los primeros 50 del ranking. En las damas, se nota más la frustración, el desencanto y esa desmotivación.

Esa presión psicológica, el estrés, la poca validación social, la efímera fama y estabilidad económica que simplemente no llega, así como la nula colaboración de su federación (como es el caso de México), convierten el sueño del deportista, hombre o mujer, en un desencanto mayúsculo y es cuando él claudica, se da por vencido, abriendo la oportunidad —si se da cuenta a tiempo— de preparar la segunda parte de su vida, de la cual hablaremos en el futuro.

luis@vamosdeportes.com

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