La mayoría de los países europeos, encabezados por Alemania, han comenzado a manifestar su preocupación por la situación política y social que se vive actualmente en Estados Unidos, sede principal de la Copa Mundial de la FIFA 2026. Entre los temas que generan inquietud, destacan la persecución a inmigrantes, los conflictos bélicos que involucran a algunos países participantes y los recientes episodios de violencia en México, que han sido ampliamente difundidos por la prensa internacional.
Estados Unidos, Canadá y México serán los anfitriones de 48 selecciones nacionales, en lo que será el primer Mundial expandido. Esto ha implicado un aumento significativo en el número de sedes y una compleja logística que los tres países organizadores han venido preparando desde hace varios años.
Sin embargo, el actual clima político internacional, sumado a la incertidumbre de muchos aficionados para obtener visas de entrada a Estados Unidos y a las preocupaciones en materia de seguridad, comienzan a generar dudas en distintos sectores.
A estos factores, se suma otro elemento sensible: El económico. La venta de boletos ya había enfrentado cuestionamientos, debido al alto precio. Ahora, distintos actores de la industria turística —aerolíneas, hoteles y operadores de servicios— han reportado una desaceleración en la demanda.
Al mismo tiempo, las grandes cadenas de televisión que adquirieron los costosos derechos de transmisión observan con preocupación cómo algunas empresas patrocinadoras están revisando o ajustando sus presupuestos publicitarios.
El futbol es el gran pretexto para reunir al mundo, pero el verdadero punto neurálgico vuelve a ser el mismo: La seguridad. A esto, se suma la creciente percepción de que el impacto económico esperado podría ser menor al proyectado. Sin embargo, no se conoce si existe un Plan B ni un Plan C capaz de sustituir las expectativas económicas y mediáticas que la FIFA prometió.
Hoy se confirma, una vez más, que el Mundial es —ante todo— un gigantesco evento de televisión y medios de comunicación. Alcanzar las cifras de ingresos previstas por la FIFA y por los organizadores, podría resultar mucho más complicado.
En Alemania, insisten en un posible boicot al Mundial... Simplemente, no asistir, lo que generaría pérdidas multimillonarias para la FIFA, organizadores y a cada selección, una postura que podría encontrar eco en otras naciones europeas.
El problema no es logístico, el problema es la percepción global de seguridad.
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