Desde luego, soy un apasionado del tenis, pero mi amor por el deporte también incluye al futbol. Por eso, no pude resistir la oportunidad de viajar a Liverpool para presenciar el partido entre los Reds y el Fulham, además de hacerlo acompañado por mi hijo y mi nieto. Fue, sin exagerar, una experiencia de vida.
Me queda claro que los ingleses continúan innovando el deporte que ellos mismos inventaron y hoy es el más popular del planeta. En Inglaterra, el futbol se vive con una seriedad admirable; la cultura de la Premier League es prácticamente una devoción. Para todas las Ligas del mundo, representa un ejemplo en orden, disciplina, organización, profesionalismo y —sobre todo— en el nivel competitivo que exigen tanto jugadores como fanáticos.
La afición inglesa es real, crítica, demandante y entiende el juego. No se conforma con poco. Esa mentalidad es la que ha convertido a la Premier en el referente mundial. Lo que sucede en Inglaterra termina influyendo en todo el planeta futbolístico.
He tenido la oportunidad, como directivo y junto a Grupo Pachuca, de visitar numerosos estadios alrededor del mundo. Cada uno tiene su personalidad, historia y esencia. Sin embargo, la estructura, la planeación y la organización que se observa en los clubes de la Premier League siguen marcando la pauta. Son quienes dictan el estándar global en prácticamente todos los aspectos del negocio y el espectáculo deportivo.
El Liverpool no ha tenido su mejor temporada y se encuentra luchando por asegurar un lugar en la Champions League, pero derrotó al Fulham (2-0), en un partido intenso, competitivo y lleno de ambiente. El equipo de Raúl Jiménez lo utilizó únicamente en los últimos minutos, no teniendo oportunidad de hacer algo, pero el espectáculo en la cancha y en las tribunas dejó claro por qué la Premier está varios escalones arriba.
Y hablando de otro nivel, el tenis también vive un momento extraordinario. Jannik Sinner, actual número uno del mundo, conquistó un título muy importante en arcilla en Montecarlo.
El italiano escuchó emocionado el himno de su país ante miles de aficionados, muchos italianos, que celebraron su victoria con pasión. En la final, sometió a Carlos Alcaraz, quien nunca encontró su ritmo.
No hay duda: Sinner y Alcaraz se alternarán el liderato mundial durante muchos años. Son dos jóvenes extraordinarios que, al igual que los clubes ingleses en el futbol, están empujando los límites de su deporte y elevando el nivel competitivo a nuevas alturas.
Porque en el deporte de élite ya no basta con ser bueno.
Hay que innovar, evolucionar y competir todos los días.
Y en eso, tanto la Premier League como Sinner y Alcaraz (las estrellas del tenis mundial), simplemente juegan en otra liga.

