En un complicado esquema de puntuación, rankings y premios, quienes hoy destacan son las y los jóvenes de entre 18 y 22 años de edad. Los torneos ATP y WTA 1000 ofrecen cuadros amplios, donde la juventud tiene la oportunidad de medirse con tenistas mejor clasificados, avanzar una o dos rondas e irse colocando poco a poco entre la élite de este competidísimo deporte.
Existen palabras sabias de profesores, agentes y comentaristas: Para tener éxito en el circuito, se necesita talento, pero también mucho dinero y paciencia. El talento comienza a notarse con resultados desde etapas tempranas, como sucede con muchos de los jugadores más destacados a nivel mundial. Sin embargo, la realidad empieza cuando dan el paso al profesionalismo y se enfrentan a los obstáculos del camino, siendo el principal no ganar partidos.
La selección de torneos tiene mucho que ver, así como el acondicionamiento físico, la maduración mental y la audacia para tomar riesgos, jugando certámenes de calificación, donde su ranking se los permita.
Muchos de ellos vienen precisamente de superar la fase de calificación. Son audaces, toman el camino difícil y lo están logrando. Además, saben que detrás de ellos vienen otros tenistas aún más jóvenes, con más hambre, mejor preparación técnica y —en muchos casos— con estructuras económicas más sólidas.
El nivel de competencia en el circuito masculino es mayúsculo. Estar colocado entre los primeros 50 del mundo ya representa un logro extraordinario, pues permite acceder a mejores torneos, mayores premios, enfrentar a los grandes nombres y convertirse en un adversario respetado. Pero, para llegar ahí, hay un largo y exigente camino por recorrer.
En el circuito femenino, el panorama es distinto. El nivel competitivo es muy alto entre las primeras 20 jugadoras del ranking, y cada día se integran más jóvenes de entre 18 y 22 años, que llegan con ambición y talento. Las tenistas tienen dinámicas y objetivos diferentes a los de los hombres, es natural; sin embargo, las mejores del momento están generando ingresos muy importantes, mientras el resto lucha por mantenerse y consolidarse en el circuito.
Antes, eran contados los tenistas jóvenes que irrumpían en el circuito. Hoy, llegan en racimo, y los partidos que están protagonizando en Madrid son de altísimo nivel, lo que confirma que el tenis mundial está viviendo un cambio generacional inevitable y el futuro ya no es una promesa, es una realidad que se está imponiendo en los grandes torneos ATP y WTA.
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