La reforma electoral y el debate democrático

Nación 06/05/2022 03:56 Actualizada 05:27
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Después del rotundo fracaso de la iniciativa presidencial para introducir una nueva Ley de la Industria Eléctrica, el presidente, sin compás de espera, lanzó su iniciativa de reforma de la ley electoral. Si su intención es su aprobación en el Congreso, no pudo escoger peor momento. La estela que dejó la contienda en torno a la Ley de la Industria Eléctrica prácticamente ha paralizado al Congreso. Acusar a los legisladores que votaron en contra, de traidores a la patria, le hizo un gran servicio a la consolidación del frente opositor.

La recurrente práctica presidencial de mantener secuestrada la agenda política nacional, encontró ahora una variante por parte de la oposición. En esta ocasión, en lugar de desgastarse en presentar modificaciones a la iniciativa del líder de Morena, la alianza Va por México, integrada por PAN, PRI y PRD, hace pública la intención de presentar una contrarreforma electoral que no sólo deja en claro su desacuerdo con la iniciativa presidencial, sino que además propone una serie de cambios, en su mayoría, dirigidos a fortalecer y actualizar las reglas de nuestra democracia.

Un primer cambio sustantivo es la propuesta de una segunda vuelta en elecciones presidenciales. Esta práctica, que es común a un buen número de democracias en países de Europa y América Latina, resuelve cualquier contienda en la que ninguno de los candidatos logra mayoría absoluta, mediante una segunda vuelta entre el primero y el segundo lugar, lo que necesariamente lleva a que el triunfador lo haga por indiscutible mayoría, lo que otorga al gobierno entrante mayor legitimidad y condiciones de gobernabilidad. La elección más reciente en esta modalidad fue la del presidente Macron, en Francia; en la primera vuelta la mayor parte de los votos se distribuyó entre tres candidatos sin que ninguno obtuviera mayoría absoluta; en la segunda vuelta Macron obtuvo 58% de los votos. Este sistema permite, además, evitar conflictos postelectorales cuando las diferencias entre el primero y el segundo lugar son mínimas, como sucedió en México en 2006.

Una segunda propuesta es evitar la sobrerrepresentación en el Congreso federal con los llamados plurinominales, lo que reduciría el cuerpo legislativo a 300 diputados y 96 senadores. Los diputados plurinominales surgen en 1977 como parte de la apertura democrática como un incentivo para incrementar la participación política. Es claro, con el pasar de los años, que esto en poco ha contribuido a elevar la calidad del trabajo legislativo.

Una propuesta adicional es revisar las regulaciones y sanciones a los actores políticos, para respetar y hacer respetar las vedas electorales y las disposiciones que prohíben el uso de políticas y plataformas públicas con fines electorales, como ha sucedido en forma reiterada con el actual gobierno federal. No menos importante resulta lo referente a la posible invalidación procesos electorales cuando se compruebe la intervención directa o indirecta del crimen organizado.

La oposición no hace ningún a referencia al INE ni al Tribunal Federal Electoral, lo que significa que ni siquiera están dispuestos a entrar a discutir la propuesta de elección directa de los integrantes de estos órganos con la intervención del Ejecutivo.

La propuesta de la oposición coincide con algunos de los temas de la propuesta presidencial, pero en otros difiere tajantemente. Lo meritorio para quienes no participamos directamente en este galimatías político que es el Congreso – parte de la naturaleza de la democracia representativa - es la posibilidad de conocer ambas propuestas y de participar en un debate público que, efectivamente, pueda servir para fortalecer y mejorar nuestras prácticas democráticas. Nada más sano para una democracia que los debates abiertos, no oficialistas, sobre los temas que más pueden afectar la vida democrática de nuestro país.

 

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