Economía comparada de los últimos cinco sexenios

Luis Fernando De la Calle

Ahora que se cumple la mitad del sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador se cuenta ya con suficiente información para hacer un comparativo de sus principales variables macroeconómicas con respecto a las de sus cuatro predecesores. Obviamente, para hacerlo se requiere estimar el cierre hasta 2024. Hay varias maneras para llevar a cabo estos cálculos de pronóstico. La más justa, desde el punto de vista político y analítico, es utilizar las propias estimaciones del gobierno tal y como son reportadas en los Criterios Generales de Política Económica 2022 (CGPE-22) presentados por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) al Congreso el pasado 8 de septiembre.

El presidente López Obrador lleva muchos años siendo muy crítico del manejo de la economía de lo que él llama el periodo neoliberal (lo fue muy a medias en términos de las políticas seguidas y su implementación), por lo que un comparativo del comportamiento macroeconómico que incluya el suyo, puede ser muy revelador.

La gráfica anexa muestra la evolución de cuatro indicadores macroeconómicos clave para los sexenios de Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y el actual. El primero de ellos es el crecimiento porcentual del Producto Interno Bruto (PIB), como medida de la expansión de la capacidad de generación de riqueza indispensable para elevar el nivel de bienestar de la población y contar con suficientes recursos para el sufragio de infraestructura pública, programas sociales y servicios públicos. La SHCP estima, en los CGPE 2022, que por cada punto porcentual de crecimiento se obtienen ingresos recaudatorios adicionales por 42 mil millones de pesos de 2021. Esto implica que la capacidad del gobierno para contar con la infraestructura física y social necesarias depende del éxito económico, aspiracionista, que tengan empresas y familias, lo que aumenta la base gravable y la recaudación.

El segundo, la tasa de inflación como barómetro de la estabilidad financiera y del impacto negativo que tiene en el poder de compra el incremento de precios de bienes y servicios. La inflación termina siempre siendo un impuesto particularmente regresivo; todos los episodios de inestabilidad macroeconómica han terminado, en México, con mermas del salario real e incremento en la pobreza.

El tercero, el cociente del saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público sobre el PIB como la medida del nivel de endeudamiento y el acumulado de los déficits de finanzas públicas en cada sexenio.

Finalmente, el porcentaje de inversión pública sobre el PIB como indicador del compromiso de cada gobierno de invertir en la infraestructura indispensable para el crecimiento futuro y no sólo en su sexenio.

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La gráfica anexa presenta el comportamiento de estas variables para los cinco últimos sexenios con datos oficiales y estimaciones del gobierno actual para lo que resta del sexenio. Comparado con el promedio de los analistas, el gobierno tiene una visión más positiva no sólo sobre el crecimiento, en especial en 2022, sino también sobre ingresos totales en virtud de la sobreestimación de la plataforma de producción petrolera, así como una subestimación del gasto que difícilmente podrá ser contenido como lo plantean los CGPE-22 en el contexto de recortes anteriores y con elecciones en 2022, 2023 y 2024.

En la gráfica puede apreciarse que el crecimiento 2019-2024 es el menor de los últimos cinco sexenios. En su defensa, el gobierno de AMLO argumentará que los otros no sufrieron una crisis como la de 2020.

Esto, sin embargo, no es del todo cierto, por dos razones. La primera, porque él nunca aceptó las fluctuaciones de las crisis como argumento para poner en contexto el crecimiento insuficiente que siempre criticó.

En segundo lugar, porque el presidente Zedillo sufrió una crisis, la de 1994-1995, con consecuencias tan o más devastadoras que la de 2020, el presidente Fox enfrentó la crisis de Y2K y dot.com, así como la recesión importada de EU en 2001-2003 y precios excepcionalmente bajos de petróleo, mientras que el presidente Calderón tuvo que lidiar con la gran recesión de 2008-2009 y con la pandemia H1N1. El poco crecimiento de este sexenio se explica no sólo por el Covid-19, sino por los niveles de inversión más bajos de las últimas décadas.

Sólo en materia de inflación, el presidente López Obrador podría aspirar, con sus estimados, a tener el mejor indicador de los últimos sexenios. No obstante, dado el patrón histórico de subestimación de la tasa de inflación por parte de la SHCP (siempre tiene el deseo de que converja al nivel objetivo del Banco de México, que sólo se ha alcanzado de manera excepcional), lo más probable es que el incremento de precios 2019-2024 termine siendo superior al de Calderón y/o al de Peña Nieto.

En materia de endeudamiento, usando sus cifras, el nivel de deuda de este gobierno será muy superior a los anteriores: 20 puntos porcentuales mayor a Zedillo y Fox, 14 a Calderón y cinco a Peña Nieto. Es decir, el déficit acumulado en este sexenio resultará superior a todos los anteriores, excepto al incurrido con Peña Nieto. Cabe señalar, adicionalmente, que los niveles de gasto público, como proporción del PIB o los absolutos serán los más altos de la historia reciente. Así, deuda y gasto ponen en relieve el discurso sobre la austeridad republicana. Más aún, se antoja muy difícil que el sexenio cierre con deuda total sobre PIB de 51% en vista de sobreestimación de ingresos y subestimación del gasto. Si terminara en 54%, el incremento en puntos porcentuales del PIB sería similar al de Peña Nieto.

Finalmente, al ciudadano le interesa saber si la recaudación adicional y los impuestos pagados sirvieron para expandir y mejorar la infraestructura física pública. Con las estimaciones del gobierno, se puede ver en la gráfica que el nivel de inversión pública sobre PIB de AMLO terminará siendo similar a los niveles de Zedillo y Fox. El primero sufrió una crisis, la del Tequila, que implicó una austeridad forzada sin precedentes para recuperar la estabilidad y precios decrecientes del petróleo. El segundo tuvo que enfrentar los precios más bajos del petróleo en muchos años, así como la cancelación involuntaria del aeropuerto de la Ciudad de México, que tuvo un impacto negativo en la inversión. En el caso de López Obrador, los muy bajos niveles de inversión son autoinfligidos por la cancelación voluntaria del aeropuerto de la Ciudad de México, los recortes a todo aquel proyecto o programa fuera del radar limitado del presidente y por un clima antiinversión durante todo el sexenio. De hecho, los niveles de inversión privada también se acercarán a mínimos históricos a menos de que cambie la tendencia actual.

Todas estas estimaciones, de CGPE-2022, no toman en cuenta la reciente iniciativa de reformas constitucionales en materia de energía. El daño a las variables económicas se dará aun si no se aprueban, por el aumento en la incertidumbre y la pausa que produce a la inversión, pero será mucho más grave si terminan implementándose. Con el nuevo-viejo marco constitucional, el crecimiento será menor sin energía abundante y competitiva, la inflación mayor al subir el costo de producción de energía eléctrica, los niveles de deuda mayores en virtud del gasto adicional para evitar alzas en tarifas, sustituir inversión privada y reconocer contingencias litigiosas, mientras que el atractivo para invertir en México será menor.

Con estos números no podrá argumentar Morena que su primer sexenio en el poder rindió resultados económicos mejores que los de los despreciados presidentes del supuesto neoliberalismo.
 

Twitter: @eledece
 
 

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