Con mi sentida condolencia a Tencha, su esposa, y a toda su familia.
Francisco Barrio Terrazas, a quien sus coterráneos chihuahuenses llamaron cariñosamente Pancho y nacionalmente cobró fama con el mismo sobrenombre; falleció el pasado martes 30 de diciembre a causa de un padecimiento cardiaco. Había cumplido recientemente 75 años.
Pancho es figura prominente de nuestra historia contemporánea, por el relevante papel que desempeñó en la lucha cívico-política que hizo posible la transición democrática en nuestro país en las últimas décadas del siglo XX.
Su nombre en las páginas de esa gesta no lo podrá borrar nadie, por más que el actual régimen dictatorial cuatreroterista quiera desaparecer o deformar ese glorioso capítulo de insurgencia pacífica ciudadana, protagonizada por miles de ciudadanas y ciudadanos mexicanos durante varios lustros (1983-2000).
Pancho nació el 25 de noviembre de 1950 en el pequeño municipio ganadero de Satevó, no muy lejano de la señorial capital del Estado. La mayor parte de su vida se desarrolló en la fronteriza Ciudad Juárez y nunca perdió el modo franco, campirano y el estilo directo, sin rodeos, peculiar de los norteños chihuahuenses.
Este carácter habría de ser fundamental en el desarrollo de su vocación cívica, se incorporó a la lucha por la transformación libertaria y democratizadora de México con electrizante liderazgo popular. La figura de Francisco Barrio entró en la escena de nuestra historia, cuando el régimen autoritario posrevolucionario se enfiló a su fase terminal.
Cabe contextualizarlo: las muestras de periclitación del modelo priista se habían manifestado desde el trágico 1968, pero las estrategias para revitalizarlo, primero mediante el populismo echeverrista (1970-1976), seguido por la dilapidación de la riqueza petrolera en el sexenio posterior (1976-1982), terminaron por quebrar a la economía nacional y lo hizo merecedor del repudio de la mayoría de los mexicanos.
Fue entonces cuando comenzaron a producirse múltiples rebeliones cívico-pacíficas-electorales en diversas ciudades y regiones del país; Chihuahua, Durango, Nuevo León, Sonora, Sinaloa, Guanajuato, San Luis Potosí, Puebla, Yucatán. El hartazgo ciudadano y la exigencia de un cambio político se manifestó en los procesos electorales locales; primero en la lucha por las presidencias municipales, luego por las gubernaturas.
Chihuahua y Durango dieron el primer campanazo. En las elecciones de 1983 para renovar ayuntamientos se postularon candidatos que surgieron de la sociedad civil, cuyos liderazgos cívicos se habían forjado en asociaciones comunitarias y organismos de representación empresarial. Nuevos liderazgos jóvenes acompañados de luchadores de otras épocas.
En Chihuahua, la señera autoridad moral de don Luis Álvarez encabezó la planilla en la capital; en Ciudad Juárez apareció la vigorosa presencia del flamante Pancho Barrio. Ambos triunfaron clamorosamente.
Acto seguido, en 1986, se produjo la batalla por la gubernatura. Barrio transformó esa campaña en una auténtica rebelión, con resistencia civil pacífica sacudió al país y tuvo consecuencias profundas. Inspiró con su fortaleza espiritual, fundada en valores, a los chihuahuenses y a muchos mexicanos, a resistir el abuso y los atropellos de un sistema aniquilado moralmente y quebrado económicamente. En esa ocasión el aparato autoritario se impuso por la fuerza, pero así comenzó su desaparición, misma que tendría su punto final en el 2000.

