Hay casi una cuarta parte de la población que está desesperada por apoyo y resultados, y con mucha razón.

De acuerdo con una encuesta publicada ayer por Alejandro Moreno, en El Financiero, 21% de los mexicanos estarían de acuerdo en una acción militar de Estados Unidos para combatir al crimen organizado en México.

Curiosamente, en los albores de la era Trump, hace un año, eran muchos más: 38%, los mexicanos que aceptarían una ayuda de ese calado.

El gobierno de Sheinbaum utilizará la encuesta para crear una narrativa a su favor, gritará a los 4 vientos que el 78% de los mexicanos rechazan la denominada “intervención” y defienden la “soberanía”.

No dudo del profesionalismo de las casas encuestadoras serias, como es el caso, pero también es verdad que hoy por hoy los métodos para medir a la opinión pública en el mundo son más difíciles y retadores y que no siempre resultan tan apegados a la realidad.

Huelga decir, por ejemplo, cómo las mejores encuestadoras estadounidenses fallaron cuando predecían que Trump perdería y terminó arrasando, pero no es el motivo de este texto hablar sobre demoscopía.

Dando por bueno al 21% de simpatizantes del apoyo estadounidense para fuego amigo, la cifra no es menor, hay casi una cuarta parte de la población que está desesperada por apoyo y resultados, y con mucha razón.

México se ha acostumbrado a la tragedia, Causa en Común documenta que, entre asesinatos con tortura, mutilación, descuartizamiento y destrucción de cadáveres, masacre, calcinamientos, desplazamientos forazados o linchamientos entre otras atrocidades, el año pasado sumamos 4,783, unas 13 al día.

Por eso resulta cuando menos irrisorio, por ingenuo e hipócrita, el razonamiento de gobernantes como Clara Brugada, en la Ciudad de México, que proponen un pacto con los medios de comunicación, al puro estilo de Peña Nieto, para “bajarle” a la cobertura de la nota roja, como si las tragedias de todos los días fuesen hechos aislados que llaman al morbo y no la constante que baña de terror al país.

Quizá si la encuesta sobre la “intervención” se concentrara en lugares como Sinaloa, Tamaulipas, Guerrero o Guanajuato, el resultado sería diametralmente opuesto.

Parece que el gobierno quiere convencernos de que ni es invierno ni es de noche, pero ante el frío y la oscuridad, simplemente no hay narrativa que gane.

DE COLOFÓN: Se le acabó la suerte a Alex Saab, testaferro de Nicolás Maduro vinculado, entre muchas otras corruptelas, en el caso Segalmex que, junto a Joaquín Leal, y su empresa Libre Abordo, falsearon la venta de comida por más de 200 mdd y terminaron sancionados por Estados Unidos.

Ayer, lo detuvieron en Caracas, donde antes era un héroe de guerra hoy es un vil preso y de los que adoran cantar, supongo que habrá serenata en la finca de La Chingada.

PD. No todo es malo, tuve oportunidad de conocer a Alfonso Sánchez García, presidente municipal de Tlaxcala, y me sorprendió la honestidad de afrontar los problemas sin negarlos: urge inversión en infraestructura, particularmente drenajes, y en seguridad. En lugar de vender triunfos invisibles, trazan retos tangibles, es de esos políticos que no parecen políticos. Échele un ojo, Tlaxcala sí existe.

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