“Soy tu compañere”

Uno de los grandes problemas de los defensores a ultranza de la ideología de género es su poca tolerancia al disenso, así como su hipersensibilidad

“Soy tu compañere”
Nación 26/08/2021 03:06 Actualizada 22:05
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Quizá ya vio el video, ha sido viralísimo en las redes: es una clase virtual que toman jóvenes de preparatoria, el profesor de psicología habla sobre el suicidio y, explicando que la depresión no excluye circunstancias propias como la raza, la clase o el “género”, provoca la molestia y ofensa de una joven sobre ese último término, “género”, ¿cómo pudo el maestro cometer ese craso error?, ¿pues que no sabe que sexo y género no es la misma cosa?

La indignada joven se define como una persona no-binaria”, luego de que ha hecho evidente su enojo y sentimiento de ultraje en el chat de la clase, provocando que los alumnos hayan perdido interés en la ponencia sobre el suicidio para, en su lugar, disertar sobre los términos “género” y “sexo”, pasa lo que ha provocado que el video sea visto y compartido cientos de miles de veces: con voz e imagen, uno de sus compañeros la cita refiriéndose a ella como “mi compañera”, entonces, cosa inesperada, la joven estalla en una crisis emocional, gimotea, grita llora, se frustra y, también por su cámara y micrófono, dice, reclama: “soy tu compañere”…

La ideología de género es un tema clarísimo para la generación más joven, digamos menores de 25, algo enredado para los adultos contemporáneos, treintones y cuarentones, pero francamente misterioso e ininteligible para los más maduros.

Si pensamos que hace apenas 30 años, poco a poco superábamos el tabú del sexo premarital y que una década más tarde empezamos a entender y aceptar abiertamente la homosexualidad, es evidente, quizá comprensible, que el salto hacia la era de los géneros fluidos, o de que alguien no se identifica como “hombre” o “mujer”, es harto complicado para una gran parte de la sociedad.

Por desgracia, hoy parece existir una discriminación y cruel estigmatización para quien difiere de algunos conceptos propios de la ideóloga de género, como “el lenguaje inclusivo”, eso de sustituir el término de género en el lenguaje español por una “e”, que “incluye”, sobre la “a” u “o” que, dicen (¿sienten?) “excluye”, más claro: en lugar niños y niñas digamos niñes, en lugar de alumnos o alumnas son alumnes, en lugar de personas son persones.

El lenguaje cambia por un gusto adquirido o aceptado en las sociedades, hace treinta años, mientras se caía el tabú de la virginidad, seguía siendo osado mencionar la palabra “güey” en un contexto público, pero hoy es algo de lo más normal y aceptado.

Uno de los grandes problemas de los defensores a ultranza de la ideología de género es su poca tolerancia al disenso, así como su hipersensibilidad al considerar ofensivo cualquier argumento antagónico al propio que, al final, se traduce en esa odiosa cultura de la cancelación.

Quizá, en el futuro, la sociedad acepte la ideología de género, quizá en el futuro esas anacrónicas vocales “a” y “o” terminen como una materia de estudio antropológico, quizá sí o quizá no, aún es muy pronto.

¡Qué utópico!, que el gran debate de la siguiente generación fuese sólo del léxico, pero no.

Les compañeres tendrán que enfrentarse al cambio climático más severo, a la miseria generalizada por la desigualdad, a nuevos virus, etc, etc, etc… ¡Vamos!, a un futuro muy oscuro pero, también, muy retador.

Ojalá que su hipersensibilidad sea un arma poderosa y no su peor debilidad.

DE COLOFÓN

Ante la derrota y el ensueño por 2024, el gobierno de la Doctora quiere imponer la prohibición de que las nuevas alcaldías usen su propia cromática. Quieren que todo sea color guinda, aunque el azul, el amarillo o el rojo les dejaron los ojos morados en las urnas. 

@LuisCardenasMX