Poder imperial

Nuestro presidente padece un peligroso delirio de emperador y nadie parece tener el valor de contrariarlo, ya no lo respetan, le temen. Él es México. Él es el pueblo

Nación 16/03/2021 02:34 Actualizada 02:34
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“El Emperador anda desnudo.”

Ayer, nuestro presidente se pasó un poquito más en aquello del autoritarismo y lo totalitario, ya de plano acusó, como siempre sin una prueba, al juez Juan Pablo Gómez Fierro de ser cuasi marioneta del poder fáctico de las empresas energéticas, como si conceder una suspensión provisional fuese cosa de extraterrestres en nuestro garantista sistema jurídico.

Le pregunté ayer en mi programa de radio por MVS al ministro en retiro, José Ramón Cossío, que, de acuerdo a su experiencia, nos contara de qué tamaño son las presiones que la Corte puede recibir del poder ejecutivo: “del tamaño que uno deje que sean”, contestó. (https://mvsnoticias.com/podcasts/luis-cardenas/los-ataques-de-amlo-a-la-...)
Ojalá que la Corte, luego de aquella maroma por aprobar el capricho presidencial de la consulta que terminó en cantinflada, tenga la altura de miras necesaria frente a lo que viene: el deseo de poder imperial.

Andrés Manuel López Obrador puede pasar a la historia como el presidente más autoritario de México, aquél que aplastó los contrapesos y, peor aún, la división de poderes de la República, puede ser el arquitecto de la destrucción democrática.

El presidente presiona sin la menor diplomacia al juez que se atreva a contradecirlo, no es un estadista sino un bribón de barrio, un luchador social que aún no entiende lo que representa su investidura ni que la factura de sus deslices se le cobra al pueblo que tanto dice amar.

México, por ejemplo, no es ya una opción de inversión para los grandes dineros que apuestan a infraestructura y no a capitales golondrinos, no lo será al menos hasta el 2024 o 2025 totalmente condicionado al rumbo que siga nuestro país en cuanto a certidumbre democrática se refiere.

Hoy, México se mira en el extranjero con un riesgo similar al de las dictaduras, sin la menor certeza en las reglas de juego que apuestan a la generación de riqueza.

Nuestro presidente padece un peligroso delirio de emperador y nadie parece tener el valor de contrariarlo, ya no lo respetan, le temen. Él es México. Él es el pueblo. Él es la democracia. Él es la verdad. Él es la ley. Él es la Constitución. Él es divinamente elegido. Él es puro. Él es impoluto. Él es la perfección.

El círculo rojo del país, incluidos varios nombres connotados de la egregia izquierda mexicana, miran con preocupación el rumbo que hemos tomado.

Aún en el priato había ciertas reglas que podían marcar los límites del tlatoani en turno, aquí todo eso se ha esfumado, el país parece de un solo hombre.

A menos, que la Suprema Corte no sea parte de la cohorte del emperador. Ahí, y de momento, solo ahí radica la salvación de nuestra democracia.

DE COLOFÓN

La mayoría del país, sin embargo, parece agradecida con el presidente por las vacunas y por sentirlo un hombre del pueblo y para el pueblo. A ver cómo le hace la oposición para construir un discurso de empatía

@LuisCardenasMX

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