En política el riesgo a veces viene de quienes entienden que subir a la presidenta a la boleta no necesariamente fortalece a todos.

Hablar de hipócritas y de políticos parece tautológico, redundante, casi una repetición innecesaria. Pero el problema de fondo ya no es solo la hipocresía: es el hastío. El hartazgo generalizado hacia la clase política se vuelve cada vez más evidente cuando se compara con la atención que la gente presta a las noticias sobre la vida pública. La política empieza a ser rechazada con una mezcla de cansancio, desconfianza y fastidio, casi como se rechaza una llamada de marketing telefónico.

En México, de acuerdo con el estudio de Reuters Oxford, la confianza en las noticias ronda apenas el 36%; los partidos políticos inspiran confianza a solo 28.9% de la población y las Cámaras de Diputados y Senadores a 34.5%.

Se discute sobre plurinominales cuando buena parte del país ni siquiera tiene claro el tamaño del Congreso.

Se discute también sobre regidores y equilibrios municipales cuando, en una parte importante del país, la política local está condicionada por poderes criminales. No es extraño que para muchos mexicanos la conversación institucional suene lejana, cuando en el territorio la disputa real se da entre poderes que ni son democráticos ni se someten a reglas.

Después de que la reforma de Sheinbaum naufragara en la Cámara de Diputados el 11 de marzo, nació prematuramente el plan B. A mí me sigue pareciendo más bien un plan Z, de zombies, de los que resucitan de algo muerto.

Pero, el corazón del debate va por el tema de la revocación, realmente ratificación, de mandato. Es verdad: la presidenta goza de popularidad. Pero una cosa es tener una aprobación alta y otra convertir esa aprobación en transferencia mecánica de votos.

Además, en política el riesgo no siempre viene de enfrente. A veces viene de adentro. De quienes entienden que subir a la presidenta a la boleta no necesariamente fortalece a todos, sino solo al centro del poder.

O a veces viene de fuera, de los multimillonarios damnificados del régimen que felices pondrían recursos en una campaña de desprestigio o incluso de poderes, fácticos y formales, en el extranjero que quisieran ver a un gobierno de izquierda en problemas de legitimidad.

¿De verdad quieren a Sheinbaum en la boleta? Las películas de zombis casi siempre terminan mal.

DE COLOFÓN. La técnica se puede volver un gran pretexto para la censura, la vendetta y el terror, desde que arribó la 4T más de 250 Organizaciones de la Sociedad Civil han perdido su registro ante el SAT como donatarias.

Sin embargo, cuando los hoy “técnicos” eran opositores, aplaudían la valentía de esas ONG y se valieron de sus trabajos para ganar votos.

MCCI es un gran ejemplo, gracias a su labor ya sea en solitario o en colaboración con otros medios y periodistas destaparon casos de corrupción como La Estafa Maestra, Odebrecht, las redes de corrupción de César Duarte, hoy preso, el despojo de predios en Quintana Roo, por Roberto Borge, también preso, la Operación Zafiro y hasta irregularidades en las adjudicaciones en la obra del Aeropuerto de Texcoco que finalmente fue clausurado por López Obrador.

En 2018, poco antes de arrasar en las elecciones, AMLO dijo en el marco de la Convención Bancaria: “La Estafa Maestra es una mordida en comparación con el saqueo de los “moches”.

Sin el trabajo del periodismo independiente jamás se hubiera enterado de absolutamente nada.

P.D. Hubo un señor que trabajó en semana santa y no acabó nada bien, por si las dudas nos leemos el próximo jueves 9 de abril.

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