No volveremos a ser los mismos

Luis Cárdenas

El coronavirus pondrá a prueba nuestra capacidad para asimilar una gran crisis, no sé si terminará por imponerse la empatía a los que menos tienen o, por el contrario, ganará el pensamiento destructivo sobre los enemigos

“Rebuc sic stantibus”“Estando así las cosas”, expresión latina como doctrina en Derecho Internacional.

 

Quisiera pensar que después de esto, de alguna manera, seremos mejores seres humanos, creer que esa bondad natural de nuestra especie, si es que existe, resurgirá como ave fénix y nos impondremos la tarea de construir un mundo mejor… Pero, puede que no.

El coronavirus vino a cambiarlo todo. Es un parteaguas en nuestra existencia, una historia en desarrollo que no sabemos cómo terminará.

Un estudio de Harvard publicado recién, proyecta nuevos confinamientos intermitentes, otros encierros, pues, hasta el año 2022. Si bien se basa en proyecciones matemáticas y las autoridades de salud no se han pronunciado sobre el tema, hay mucha lógica dadas nuestras circunstancias: ¿qué pasa si la vacuna no está lista en los próximos meses?, ¿qué tal que la inmunidad al virus no se presenta a los niveles que pensamos hoy?, ¿y si por la urgencia económica levantamos antes el encierro y generamos un rebote mortal, como lo advierte la OMS, para las épocas de frío?... ¿Nos convertiremos en una sociedad de confinamientos?

De entrada, estamos ante la mayor crisis económica en el globo desde 1929, una persona que nació en 1920 y hoy tenga 100 años de edad quizá recordará que cuando niño, a sus 9, el mundo se desplomó, pero para la mayoría de nosotros el escenario que viene es totalmente incierto.

¿Miserización?, ¿violencia?, ¿hambre?, el coronavirus pondrá a prueba nuestra capacidad para asimilar una gran crisis, no sé si terminará por imponerse la empatía a los que menos tienen o, por el contrario, ganará el pensamiento destructivo sobre los enemigos, ¿más generosidad o más mezquindad?.

Esta pandemia también ha puesto en evidencia nuestra fragilidad ante todo, podemos fabricar bombas que aniquilan a millones en segundos pero un ente microscópico, invisible, nos mata por igual, sin distinciones religiosas, políticas o económicas. ¡Vaya posmodernidad!, en la cúspide de nuestro desarrollo resulta que somos un planeta que se disputa entre sus naciones guantes, gogles, mascarillas y ventiladores para respirar.

Y, como apuntó ayer en estas páginas Salvador García Soto, los médicos de nuestro país y del mundo juegan a ser dioses, ¿quién vive?, ¿quién muere?, ¿qué pasará en el futuro con nuestros viejos?

Hablando de médicos, ¿veremos un mundo fanatizado, preso de su ignorancia que termina en odio como han sido víctimas nuestros doctores?, ¿podremos ver de la misma manera a los extraños, a los extranjeros? o ¿será esto el inicio del fin del mundo libre?

No lo sé, estando así las cosas. Quiero pensar que después de esto, de alguna manera, seremos mejores seres humanos…

De colofón

El presidente no lee el Financial Times, tampoco lee la prensa mexicana. Eso explica muchas cosas.

@LuisCardenasMX

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