López Obrador vive en el metaverso

Luis Cárdenas

Por esos días, López Obrador mendigaba espacios en medios

“La realidad objetiva acaba de evaporarse”
-H.

Hace nueve años, Andrés Manuel López Obrador era un hombre derrotado, el 1 de julio de 2012 perdía por más de cuatro millones de votos frente a Enrique Peña Nieto, su pueblo bueno y sabio lo había rechazado, no había creído en él, la mayoría del país lo veía como un tipo resentido y poco preparado para tomar las riendas de la nación.

Dicen que en 2006 López Obrador perdió la razón, su coraje y frustración ante “el fraude” fue de tal grado que terminó con el hombre de izquierda progresista que era para convertirse en un taciturno que terminó mascando odios y rencores.

Por eso, en 2012, el otrora candidato “invencible” se llenó de frustración con la derrota: no habría una segunda oportunidad, todo se había jodido, su partido, el PRD, lo aborrecía, los que alguna vez fueron sus incondicionales lo veían sin futuro, la gente lo consideraba un loco, un comunista, un posible dictador, ya no le tenían respeto, si acaso miedo, si acaso animadversión.

En los siguientes dos años, pocos lo tomaron en serio con “Morena”, eran sueños guajiros, se veía tan cuesta arriba que eso terminara, cómo terminó en el 2014, convertido en partido político.

Por esos días, López Obrador mendigaba espacios en medios de comunicación, rogaba por alguna entrevista donde fuera y apreciaba, con alabanzas y bendiciones, a quien le abriese algún foro.

En esos oscuros días, César Yáñez, uno de los pocos fieles defensores a ultranza que le quedaban, lo convenció para aceptar los servicios de un grupo de jóvenes expertos en manejo de redes sociales, tiempo más tarde algunos de ellos estarían vinculados a una empresa hoy acusada de manipulación de información y lavado de dinero en varias campañas de América Latina y España.

Mediante granjas de bots y mucha post verdad comenzó la guerra digital que menospreció el gobierno de Peña Nieto y que fue, poco a poco, posicionando a López Obrador como el gran candidato de 2018.

Cierto, las benditas redes sociales no lo fueron todo, la estupidez de los dirigentes del PAN, PRI y PRD que no supieron leer las señales terminaron dándole la Presidencia en bandeja de plata.

César Yáñez no estuvo ayer en el templete. Quedó condenado al olvido luego de casarse, en boda fifí, con la mujer a la que esperó por años mientras estuvo presa en Puebla acusada de fraude y que fue liberada en los albores de la 4T.

Sin embargo, algunos de esos jóvenes expertos en manipulación digital continúan al servicio del presidente, aunque con un jefe muy distinto, ya no es Yáñez, aunque el patrón sí despacha en Palacio.

La verdad, el presidente jamás entendió las redes, esas cascadas de likes, de apapachos, de porras y de corazoncitos que fueron orquestadas por inteligencias artificiales se transformaron en un impulso de vida para un hombre que se ahogaba en la rabia, el presidente mordió el anzuelo, el presidente se la creyó y el presidente revivió.

Pero su triunfo no tuvo tanto que ver con él, sino mucho más con la víscera, con el castigo, con el descontento que Peña Nieto provocó y su equipo supo capitalizar.

Quizá, algo similar, le pase a él en 2024.

De Colofón.- Solo quedan 3 años, resta aguantar y esperar a que el desastre que heredemos en 2024 pueda resolverse sin tanto dolor y volver a construir.
López Obrador quizá no siga vivo cuando su historia se escriba como uno de los períodos de mayor ignorancia y retroceso de México. 
 

@LuisCardenasMX
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