López Obrador, el miedo al “qué dirán”

Al presidente le preocupan las primeras planas, no Aguililla

Nación 08/07/2021 03:06 Actualizada 19:51
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“La tiranía no puede reinar sino sobre la ignorancia de los pueblos” 
-Francisco de Miranda. 

Nuestro presidente ya casi no sorprende con sus declaraciones estrambóticas, ha dejado claro que las formas no le importan, que su pecho no es bodega y que las vísceras de sus emociones pueden terminar por marcar el rumbo del país para desgracia de todos y la satisfacción de su capricho. 

Hace unos días, ese pecho no bodega parece que le jugó un mal rato, desnudó sus verdaderas preocupaciones y arrojó al escenario de la mañanera al hombre acomplejado y pequeño que habita tras la investidura que dice respetar. 

López Obrador no irá a Aguililla, Michoacán, por miedo a la reacción de sus adversarios, al presidente le preocupa más la primera plana de El Gran Diario de México que la resolución de conflictos de altísima gravedad, parece increíble pero sí: al presidente más votado de la historia, al más disruptivo, al más radical y al más rebelde le preocupa, ¡hágame el favor!, le preocupa el “qué dirán”. 

Nuestro presidente, a diferencia de lo que sufren millones de sus gobernados, no ha vivido jamás en una zona de conflicto, si bien ha sido un incansable viajero por el país y ha recorrido todos los municipios, jamás se ha empapado de ellos a cabalidad, sino que, más bien, ha recopilado una suerte de fotografías de pobreza y necesidad que, al final, no sirven para mucho más que un lastimoso y precario diagnóstico de lo que ya sabemos. 

López Obrador no ha vivido nunca en medio de la metralla, no ha tenido que pagar el derecho de piso a un criminal que cobra impuestos narco sobre todas las cosas, no ha sufrido la necesidad de justicia por la vida arrebatada de sus seres más amados frente a esa impunidad que paraliza… Nuestro presidente ha sido privilegiado. 

No es necesario vivir el infierno del narco para entender el infierno mismo, pero sí es indispensable abrir la cabeza a un mundo mucho más complejo que la utopía de un pasado inexistente como en el que vive López Obrador. 

A nuestro presidente no le importa que la gente en Aguililla sea presa de grupos criminales que no permiten el libre tránsito, le da igual que los pobladores sean víctimas de vejaciones o que vivan en constante amenaza de convertirse en daños colaterales en un fuego cruzado… A él le preocupan las primeras planas. 

Por eso, su víscera lo desnudó en su pequeñez: López Obrador busca el aplauso fácil y dulzón de sus solovinos, no le podemos pedir algo más, él no es un estadista, él no es un presidente, es, simplemente, un hombre necesitado del mimo social y la aceptación incondicional. 

Aguililla y el país pueden joderse, que nos quede claro: aquí lo importante es que el Emperador desnudo se sienta vestido. 

DE COLOFÓN.- Ricardo Monreal no es un empleado de López Obrador, es un hombre que brilla con luz propia, de los pocos autocríticos en la 4T… Por eso el dedo no le apunta. 

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