Lilly Téllez y la oposición en Twitter

¿no es su postura también autoritaria, pero del otro lado del péndulo?, ¿cabe aún la moderación?

Lilly Téllez y la oposición en Twitter
Nación 22/02/2022 03:04 Actualizada 03:05
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Sociedad Civil de México está convirtiéndose en una plataforma importante para el debate de ideas entre los opositores a la 4T, el formato es novedoso, cada semana invitan a un personaje relevante de la parte crítica al gobierno y convocan a una discusión abierta, de viva voz, con usuarios de Twitter que ingresan a la plataforma.

Estos “spaces” han generado ya preocupación en Palacio Nacional, a diferencia de las estériles conversaciones artificiales repletas de insultos programados a través de bots, lo que hace Sociedad Civil de México es algo mucho más orgánico, un bot no tiene voz, no representa nada más allá del ruido, en cambio un ciudadano es, al final, un testimonio real del descontento que, tarde o temprano, se convierte en un voto y una voz que, a su vez, puede provocar más votos.

Bien usada, la plataforma puede ser un trampolín que termine en la formación de un movimiento social de contrapeso al lopezobradorismo, aunque también podría ser solo una curiosidad anecdótica, ya lo veremos.

La semana pasada, la senadora Lilly Téllez estuvo durante más de dos horas hablando y respondiendo preguntas de los usuarios que la llevaron a declarar: “Pues vamos a ver qué pasa (respecto a las elecciones de 2024). Acabo de entrar a esto y no me quiero contaminar de cuestiones que hay en la política. (...) Tengo que andar con precaución porque hay muchos intereses y no tengo patrocinadores tal cual” y remató: “Por supuesto que me siento capaz de derrotar a Claudia Sheinbaum”.

Téllez llegó a su curul con la insignia de Morena, apoyando al presidente López Obrador, pero en 2020 se integró a la bancada de Acción Nacional y se convirtió en una voz opositora dura e incómoda al poder, terminó representando a muchos de los arrepentidos del lopezobradorismo, incluso en el mismo ejercicio de la semana pasada en Twitter dijo: “Me gustaría ver a López Obrador como el primer presidente de México tras las rejas, en la celda, con una sentencia clara”.

Dejando por un momento de lado las sospechas de vínculos políticos con su exjefe, Ricardo Salinas Pliego, por sus años como periodista en Tv Azteca, la aspiración de Téllez puede hacer sentido a una gran parte de la población descontenta con el rumbo de talante autoritario que está tomando el país, aunque, ¿no es su postura también autoritaria, pero del otro lado del péndulo?, ¿no serían estos aspirantes antípodas que nos llevarían a extremos de un lado a otro?, ¿cabe aún la moderación?

La radicalización de las posturas políticas que vienen cada mañana desde Palacio Nacional debería hacer actuar a la oposición en definir, de una vez por todas, a una figura sólida que conjunte los apoyos de las maquinarias partidistas y pueda encabezar una lucha frontal y unificada rumbo al 2024.

Sin embargo, es evidente que la falta de acuerdos y la ambición desmedida de los dueños de los partidos los dejan apocados ante una realidad aplastante del oficialismo, abundan las patadas por debajo de la mesa y terminan inmóviles, zafios y desorganizados.

Twitter es una de las plataformas con menos usuarios en el país aunque sea la que más consume el círculo rojo. Twitter no es México, es claramente una minoría pero, con todo, parece que de ahí están surgiendo las ideas que definen a la oposición del país porque de sus partidos y políticos convencionales no hay más cosa que saliva.

DE COLOFÓN

En San Luis Potosí, el secretario de Comunicaciones y Transportes, Leonel Serrato, estalló contra una reportera, “contesto como se me dé la gana”, dijo y cuestionó por qué los medios quieren entrevistar a políticos.

En Guerrero, el director de Protección Civil de Acapulco, estuvo a nada de liarse a golpes con un reportero que le cuestionó sobre los locales incendiados en el Tianguis Campesino.

El presidente llama traidores a la patria a periodistas y críticos de su gobierno, con la consecuencia de que sus lacayos se sienten con el poder del maltrato contra comunicadores.

Todo, en un país donde matan periodistas como si fuese un territorio de guerra.

Y aún faltan 951 días para que termine el sexenio. 

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