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Jugando con fuego

Luis Cárdenas

López Obrador no entiende lo que representa un encontronazo con un presidente norteamericano que llegará fortísimo

“Con Sansón a las patadas” 

Nuestro presidente está jugando con fuego y lo peor es que no será él quien, necesariamente, termine quemado. Seremos todos, su maniobra nos llevará entre las patas. 

Desesperado por obtener más votos y avivar a su frenética clientela, López Obrador busca vender un papel de “dignidad” frente a los Estados Unidos, primero con el escándalo del general Cienfuegos, pero, también, con la negativa de aceptar y cumplir contratos en materia energética que pueden poner en jaque importantes inversiones norteamericanas. 

El presidente no quiere perder su Congreso, sabe que ya es imposible realizar modificaciones constitucionales, pero aún le queda la posibilidad de mover casi cualquier ley a su antojo, a menos que pierda la mayoría en la Cámara de Diputados. 

Echeverría, por cierto, también se peleaba con los vecinos del norte para el consumo del mercado político interno, pero hoy, ni con todas las maromas del mundo, son esos tiempos. 

El T-MEC se convertirá pronto en un gran dolor de cabeza para la 4T, sus estrictas reglas con los paneles de controversia para la resolución de conflictos pondrán a muchas empresas contra las cuerdas y el resultado será horrendo: más desempleo y, por lo tanto, más miseria. 

López Obrador y la mayor parte de su gabinete no entienden, o no quieren entender, lo que representa un encontronazo con un presidente norteamericano que llegará fortísimo y, lo peor, con cuentas pendientes para México. 

Sí, fuimos el último país en reconocer el triunfo de Biden. Sí, nos pasamos por el arco del triunfo los desaguisados con el empresariado gringo que suplica matizar políticas económicas chauvinistas que van contra sus intereses. Sí, tenemos a las agencias de seguridad más importantes del planeta sin un ápice de confianza en el país y con el dejo de la traición a cuestas. ¿Qué podría salir mal? 

El panorama se antoja nublado, estos últimos cuatro años del presidente serán escabrosos, a las pataletas pueriles de Palacio habrá que sumar una crisis de salud y económica originada por la incompetencia de un gobierno indolente. 

La ideología pesa demasiado en la 4T, tan densa que pudre el aire, tan sinsentido que termina convirtiendo a los axiomas en cosa surreal. 

Todos pagaremos los platos que “la transformación” quiere romper, esa factura nos costará una década de desarrollo, pero supongo que habrá valido la pena gritar a los cuatro vientos que son nuestros chicharrones los que truenan. 

No sé si la gente castigará a la 4T frente al desastre, tal vez no. 

Al final, no existirá más bienestar, pero otros sentirán lo que es vivir con el presupuesto ajustado, con un par de zapatos en la pobreza franciscana. 

Para millones en este país, la cosa era tan jodida que, simplemente, ya no puede serlo más, ¿qué es una rayita al tigre? 

En eso deberíamos pensar para entender por qué el presidente sigue y seguirá siendo tan popular. 

DE COLOFÓN

Van a comprar las vacunas sí o sí, lo mejor sería que el Gobierno Federal pudiera aceptar que estados y municipios comiencen a hacer una chamba que los rebasó. 

De otra manera, podríamos comenzar a ser testigos de los primeros actos de desobediencia civil entre los tres niveles de poder. 
 

@LuisCardenasMX
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